El Papa celebra hoy 83 años en Plaza San Pedro consagrando santos

El papa Juan Pablo II cumplirá hoy 83 años y celebrará su aniversario como un día más, consagrando cinco nuevos santos en la Plaza San Pedro, ante la multitud que cada domingo se reúne para el Angelus, y en una etapa de su pontificado en el que la paz es una de sus grandes prioridades.

Se calcula que unas 50.000 personas colmarán la inmensa plaza frente a la Basílica de San Pedro, para asistir a la ceremonia con la que el infatigable pontífice añadirá un nuevo récord a su pontificado, el de haber consagrado más santos que cualquiera de sus predecesores, 456, y 1.282 beatos.

Para el Papa, el cumpleaños es menos importante que el onomástico, que recuerda en cambio el santo del que lleva el nombre y por lo tanto no lo celebra de manera especial, pero las monjas polacas que lo asisten suelen cantarle una canción en su lengua y prepararle una torta.

Todas las autoridades italianas le hicieron ayer augurios de felicidad, empezando por el presidente Carlo Azeglio Ciampi, que tiene su misma edad.

La Universidad de Roma le concedió además el doctorado Honoris Causa en Jurisprudencia y el título de «magno», como San Gregorio, Leon I y Nicolás I, tres de sus predecesores.

Este año, para Karol Wojtyla, nacido en Wadowice, Polonia, el 18 de mayo de 1920, es un año muy especial, puesto que cumplirá sus bodas de plata con el pontificado y realizará el centésimo viaje fuera de Italia, con una visita a cinco ciudades de Croacia.

El primero de sus viajes fue a América Latina, a México, a la República Dominicana y las Bahamas, tres meses después de haber sido elegido Papa, el 16 de octubre de 1978.

Desde entonces, sus innumerables peregrinajes, con los que se ganó el apodo de «atleta de Dios», abarcaron los cinco continentes y lo llevaron hasta los más remotos lugares de la tierra donde hubiera una comunidad católica.

Este año fue también para el Papa el del mayor esfuerzo diplomático de su pontificado, primero para tratar de evitar el estallido de la guerra contra Irak y un temido choque entre Islam y cristianismo, y después para mitigar el drama humanitario causado por el conflicto.

Fueron días dolorosos para el pontífice, que evocó su propia experiencia de joven estudiante polaco que vivió los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Todos se preguntan, especialmente el día del cumpleaños, de dónde saca sus fuerzas el Papa, sometido a la tiranía del mal de Parkinson que le dificulta el habla y los movimientos, y a la artrosis que lo obligó a aceptar el sillón de ruedas, para seguir adelante con renovado vigor.

«Es su gran vida interior y la virtud de la fuerza cristiana lo que sostiene al Papa en sus empresas apostólicas y en sus viajes», afirmó el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, en una entrevista publicada ayer por Corriere della Sera.

También su vocero personal, Joaquín Navarro Valls, explicó que el pontífice dedica siempre «algunas horas de tiempo» para la meditación y la plegaria y que de ahí, dijo, saca la fuerza para afrontar las obligaciones cotidianas. Los viajes para este Papa más que octogenario «son un descanso», dijo Navarro, quien hizo la lista de las ocupaciones cotidianas del pontífice, desde las audiencias con autoridades y peregrinos hasta las reuniones de trabajo con sus colaboradores y, cuando estalla una guerra, con los gobernantes de numerosos países. *

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