Alerta antiterrorista mundial tras los atentados en Marruecos
Los cinco ataques en Casablanca, ocurridos cuatro días después de un triple atentado suicida del lunes pasado en Arabia Saudita contra tres complejos residenciales de Riad habitados por occidentales, han puesto nuevamente en evidencia la dimensión del peligro terrorista y han provocado una alerta antiterrorista a escala mundial.
«Estos ataques muestran las huellas del terrorismo internacional» y presentan similitudes con los atentados perpetrados en Riad, dijo Mostafa Sahel, ministro de Interior de Marruecos.
Los atentados en Riad habían sido adjudicados a la red terrorista Al Qaeda, de Osama bin Laden, responsable de los ataques contra Nueva York y Washington el 11 de setiembre de 2001. Un día después de los atentados en Riad, el prestigioso Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) decía en un informe que Al Qaeda sigue representando un «peligro».
Ayer sábado, el New York Times informó que las autoridades norteamericanas creían que Al Qaeda ha abierto nuevos centros de entrenamiento en Sudán, está instalándose con fuerza en Kenia y en otros países del este de Africa y que algunas de sus «bases reorganizadas» operan en Pakistán y en Chechenia. Los atentados en Casablanca parecen haber tenido como objetivo central diversos intereses occidentales: un gran hotel frecuentado por extranjeros, el Círculo de la Alianza Israelita, la Casa España y el consulado de Bélgica.
España apoyó abiertamente a Estados Unidos en la reciente guerra en Irak. Bélgica, por su parte, se alineó en el campo de la paz, pero según el ministro belga de Relaciones Exteriores era en realidad un restaurante italiano, cuyo propietario es judío, lo que intentaron dañar los terroristas. Las condenas a la serie de atentados en Casablanca fueron unánimes en todo el mundo. En Washington, el secretario adjunto norteamericano de Defensa, Paul Wolfowitz, consideró que la «elección» de atacar a Ma rruecos revela las «terribles motivaciones» de los terroristas, «contrarios al progreso». En Moscú, donde se relaciona lo ocurrido en Casablanca con los últimos ataques a Chechenia y a Riad, el ministerio de Relaciones Exteriores llamó a la comunidad mundial a unirse para combatir un «mal universal que amenaza la estabilidad y la seguridad de todos los países y de todos los pueblos sin excepción». En Bruselas, el alto representante de la Unión Europea en política extranjera, Javier Solana, dijo que «la lucha contra el terrorismo es una prioridad».
En París, el primer ministro francés Jean-Pierre Raffarin resolvió este sábado subir un grado en la escala del plan de alarma antiterrorista (plan Vigipirate, que cuenta con cuatro niveles), y pasar del nivel inferior o «amarillo» al segundo o «naranja».
Marruecos decidió cerrar parcialmente su frontera con Melilla, enclave español en la costa del norte de Africa. Alarmados por los ataques a Riad y Casablanca, numerosos países occidentales alertaron a sus ciudadanos en Medio Oriente, Africa Oriental y el Sudeste de Asia. El viernes, antes de las explosiones en Casablanca, el gobierno británico había lanzado una advertencia contra una «amenaza terrorista evidente» en seis países del este de Africa (Uganda, Etiopía, Tanzania, Somalia, Eritrea y Jibuti) y recomendado precaución a sus ciudadanos. *
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