Los atentados de Riad y las tropas yankis en Arabia

La invasión y ocupación militar de Irak que siguieron a las masacres en Afganistán, unidas a la presencia creciente de tropas y bases norteamericanas en oriente Medio y el Golfo Pérsico, habrían de aparejar inevitablemente el recrudecimiento de las actividades terroristas en la región. Eso, que era evidente para todo el mundo, acaba de suceder con el triple atentado mortífero de Riad, capital de Arabia Saudita, próximo a la medianoche del lunes 12 y coincidiendo con la llegada de Colin Powell. El objetivo principal eran los militares de la sociedad estadounidense Vinnell, que participa desde hace 29 años en la formación de la Guardia Nacional saudí, comandada por el príncipe heredero Abdalá Ben Abdel Aziz, regente desde la embolia pulmonar del rey Fahd en 1995.

Las Torres Gemelas, los ataques de 1995 y 1996, ahora Riad

Una lectura posible de los acontecimientos la ofrece la periodista Muna Naim: «Veinte meses después de los atentados del 11 de setiembre, 15 de cuyos 19 autores eran saudíes, la red terrorista Al Qaeida parece haber operado una vuelta a sus orígenes y al objetivo primordial de su jefe Osama Bin Laden: limpiar Arabia Saudita, tierra sagrada desde que abriga los dos principales lugares santos del Islam, La Meca y Medina, de la presencia norteamericana considerada limpia y lograr la caída de la monarquía reinante saudí, calificada de corrupta y supeditda a Estados Unidos».

Desde principios de mes, o antes aun, existían fuertes indicios de que atentados de este tipo estaban en preparación. El 7 de mayo, el Ministerio del Interior había publicado los nombres de 19 integrantes de un grupo terrorista, 17 de ellos saudíes, después de un procedimiento policial en el barrio de Ichbiliya, en el cual casualmente se encuentra uno de los tres complejos residenciales alcanzados. Algunos de los denunciados participaron en los mismos. Pero ni siquiera ese alerta sirvió para evitar que se consumaran. Existe en este sentido un curioso paralelismo con el atentado de las Torres Gemelas. También en ese caso había claras señales de su preparación. La investigación no esclareció en lo más mínimo cómo un número crecido de terroristas pudo operar a sus anchas. Tampoco por qué razón no salieron los cazas a interceptarlos ni siquiera cuando enfilaron hacia el Pentágono. Menos aclaró la presencia del jefe de los servicios de inteligencia pakistaníes en Nueva York en las semanas previas a los atentados.

De la serie de ataques antinorteamericanos que siguieron a la primera guerra del Golfo, el de Riad es de los más graves. En la propia Arabia fue antecedido por otros dos. El 13 de noviembre de 1995, también en Riad, un coche bomba explotó ante un edificio de la Guardia Nacional saudí, donde trabajaban consejeros norteamericanos, muriendo siete personas, entre ellos cinco norteamericanos. El 25 de junio de 1996, 19 soldados norteamericanos fueron muertos y 386 heridos en otro atentado con coche bomba a la entrada de la base norteamericana de Khobar, al este de la capital.

Bases y presencia militar

En la guerra del Golfo de 1991, se desplegaron en Arabia medio millón de soldados norteamericanos. Después dejaron allí, principalmente en la gran base de Príncipe-Sultán, 5.000 soldados y un centenar de aviones, al tiempo que sus asesores militares continúan, como desde hace décadas, brindando asistencia al ejército y a la Guardia Nacional saudíes. Se habló a menudo de retirar esas tropas, pero ello no se ha concretado, quizás debido a que el país posee la cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo y extrae el 12% de la producción mundial. Después de aquella guerra, Arabia Saudita gastó 14 mil millones de dólares en armamento estadounidense. Pero esto viene ya desde la década de los 80, en que el alineamiento del país con Washington se expresó en el suministro de armamento sofisticado y la construcción de dos bases navales en Jubail y Jiddah bajo la supervisión del cuerpo de ingenieros del ejército de EEUU. Se ha señalado además que las inversiones y los depósitos bancarios del reino están vinculados estrechamente con la economía de EEUU, ya que los dos tercios de la riada de petrodólares del país en el exterior constituyen acciones de empresas, bonos del tesoro y depósitos a interés en los bancos estadounidenses. Por añadidura, EEUU posee otras bases militares importantes en la región: en Qatar, en Kuwait y en Bahrein, que estuvieron activas en la guerra reciente contra Irak, además de una presencia militar significativa en los Emiratos Arabes Unidos y en Oman.

Sentimiento antinorteamericano

Los atentados del 12 de mayo se producen, según la periodista antes citada, en un clima de «antiamericanismo muy ampliamente extendido en el seno de la población saudí». Ese sentimiento hostil (que a su juicio Bin Laden intentó capitalizar) se acentuó tras el imponente despliegue militar norteamericano en la primera guerra contra Irak, y alcanzó su cumbre a partir del año 2000, cuando la población acusó al gobierno de los Estados Unidos de complicidad con el gobierno de Israel en la represión a la Intifada palestina. Ultimamente volvieron a alzarse voces por el retiro de las tropas yankis, que coincide con una campaña anti-saudí en el Congreso de los EEUU, particularmente a cargo del legislador Carl Levin. Ahora ya están actuando en Riad equipos enteros del FBI y de la CIA.

Justicia americana

En lenguaje amenazante, similar al utilizado en su discurso del 20 de setiembre de 2001 («están con nosotros o con el terrorismo»), el presidente Bush declaró que los terroristas iban a conocer ahora qué es la justicia norteamericana. Pero el mundo ya sabe de qué se trata. Lo ha visto en acción en las masacres de Afganistán y en Irak, la ve en el campo de concentración de Guantánamo y en la represión contra los derechos civiles en todas las esferas de la vida interior de los Estados Unidos. En un reciente discurso, respondiendo a críticas del senador demócrata Robert Graham, el mandatario presentó la «batalla de Irak» como una etapa de «la guerra contra el terrorismo». *

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