Una dimisión anunciada

Menem huye hacia adelante para eludir un cataclismo electoral

Los rumores brotaron la misma noche en que paradójicamente Menem obtuvo el 24% de los votos y su rival el 22%, pero todos los sondeos le otorgan al gobernador de Santa Cruz, nada menos que 40% de diferencia para el domingo. No hay antecedente en el planeta que quien triunfa en el primer turno dimite para el balotaje.

El ex mandatario recibió presiones del sector del menemismo que todavía piensan que como candidatos en las elecciones de gobernadores, legisladores y de otros puestos, de este año, tienen perspectivas y no quieren caer bajo el manto de una derrota terrible: parece haber sido el que más presionó para que el riojano desistiera del desafío.

Aún repercuten sus reiteradas negativas de que se iba a bajar de su candidatura: «Minga que me bajo, sólo un borracho piensa en ello», dijo de una u otra manera en los últimos días. Pero no habrá balotaje, el vice de Menem, Juan Carlos Romero hará lo mismo que su jefe, y entonces, de hecho, quedará consagrado como presidente Néstor Kirchner y como vice, Daniel Scioli.

El círculo más estrecho que en el pasado Menem oía, como Carlos Korach, Eduardo Bauzá y sobre todo Alberto Kohan, advirtió que el paso que iba a dar sería contraproducente, porque provocaría no sólo un daño institucional si no marcará el ocaso definitivo del dirigente peronista que marcó diez años de la política del país. «Perdimos el debate», comentó uno de ellos a este corresponsal.

El presidente Eduardo Duhalde y junto a él, casi todo los altos funcionarios, salieron a descalificar como dañino para las instituciones la resignación y Kirchner proclamó a todos los vientos que «Menem es capaz de todo».

Explicaciones

Para demostrar lo contrario, Menem hizo saber que no quiere ser un factor de división ante la polarización menemismo-antimenemismo, lo que es real, pero es sólo un argumento escasamente creíble: en rigor, el ex mandatario no ha querido someterse a una derrota de campanillas, porque él, lo dijo muchas veces, jamás perdió una confrontación electoral.

Ayer fue el acabóse después que se conociera que Menem se había excusado de participar de un desayuno con todo los dueños de los diarios argentinos, una tribuna que nadie desecharía. Más tarde se conoció que los medios de difusión fueron enterados que levantaban la campaña publicitaria, que es, francamente costosa. Y para llenar el vaso, se levantaron todos los mítines preparados para hoy y mañana, último día permitido para el proselitismo electoral.

La ley electoral es clara: al dimitir uno de los dos binomios proclamados por la Asamblea Legislativa, queda consagrado automáticamente quien queda en pie. Con todo, algunos juristas  de derecha  buscaban algún atajo para que la Justicia, es decir, la Corte Suprema, permita al tercero en las elecciones del 27 de marzo, Ricardo López Murphy, que sea el que compita el domingo.

Ningún constitucionalista consultado avaló esa posibilidad. Un hombre cercano a LM, le comentó a este periodista, que «Ricardo, no tiene vocación de litigar». Pero hay algún pícaro que está en esta operación. Hubo versiones que atribuían al jurista menemista, Rodolfo Barra, el propósito de presentar un escrito a favor de un balotaje entre Kirchner y López Murphy. Pero cercanos al jurista, negaron que tenga ese propósito.

Todos hablan en potencial, porque el riojano recién hoy daría a conocer su decisión. Hubo espontáneos, o no, que se acercaron al búnker de Menem para reclamar que su líder no se baje de su postulación.

Es difícil aceptar como motivación de Menem, no propiciar una división entre los argentinos, porque ya se sabe que hay un profundo sentimiento antimenemista del que es depositario Kirchner. Habrá que ver si existen motivaciones de más largo plazo, desestabilizadoras. Se verá. Anoche un visible juego de presiones sobre el ex mandatario, como columnas de habitantes del Gran Buenos Aires, acicateados por un ala del menemismo, se acercaba al hotel «Presidente» donde opera el (¿ex?) pretendiente, para pedirle que pelee el domingo el futuro.

¿Menem es De Gaulle?

En 1969, después de los históricos sucesos de mayo del año 68 en París, Charles De Gaulle, herido por las movilizaciones, puso su futuro en manos del pueblo mediante un referéndum. Las encuestas le daban muy mal, pero el viejo general no rehuyó el compromiso, dimitió después de conocidos los resultados y con ese ejemplo moral digno de un estadista, salvó las instituciones de Francia.

¿Puede ser Menem un De Gaulle? Por su historia, no sólo lo conocido estos días, lo pone más cerca de hacer lo contrario: dañar las instituciones.

Es que Kirchner puede quedar con el número 22% de respaldo, un porcentaje muy endeble. Pero la gobernabilidad y legitimidad del futuro gobierno, dependerá no tanto de lo que ocurre estas horas, sino de la calidad de gestión de Kirchner, de qué manera se apoya en el espacio multifacético que estaba dispuesto a votarlo el domingo, con un presentismo, según las encuestas, récord y con bajo voto en blanco o bronca.

Varias cosas más: Menem se siente derrotado por Duhalde su viejo amigo y más tarde su feroz rival por el control del partido justicialista, hacedor del sistema que permitió al peronismo presentarse dividido y encontrar la manera que la interna se dirimiera en el plano nacional. Ese rencor, tiene un factor de peso en su pensamiento.

Hay otras lecciones: el desafío a las reglas del juego. Menem quedará como alguien que sólo las acepta cuando le favorecen. El caso es que entre una derrota de campanillas y un huida hacia no se sabe dónde, el ex presidente hunde en la sombra su futuro.

Triste historia ésta de la Argentina. El primer presidente pos dictadura, Raúl Alfonsín, no pudo terminar su mandato forzado por el triunfo electoral de Menem el 14 de mayo de 1989, y una ola de saqueos.

Carlos «Chacho» Alvarez, líder del progresismo, se vio forzado a dimitir como vicepresidente del gobierno de la Alianza que en 1999 obtuvo en primera ronda un triunfo espectacular.

Dos años más tarde, el propio Fernando de la Rúa que empujó a Alvarez a tomar esa decisión, se vio obligado a renunciar tras las grandes jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.

La crisis institucional que generó esa dimisión, parecía saldarse, con todos los reparos posibles con las elecciones del 27 de abril, que abría con el balotaje el espacio de renovación posible, más que el deseable.

La huida de Menem, completa pero no cierra las crisis de gobernabilidad. *

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