Su primer mensaje fue para Estados Unidos: "Irak para los iraquíes".

El regreso del "Jomeini iraquí"

Al Hakim es el más importante líder de la más grande organización chiíta filo iraní Supremo Consejo para la Revolución Islámica en Irak (Sciri) y ayer llegó a Basora, segunda ciudad iraquí, proveniente de Teherán.

Las banderas verdes del Islam y las negras de los chiítas flameaban entre la multitud que acompañó el ingreso del ayatolá en territorio iraquí.

El turbante negro que usan los molá descendientes de Mahoma y la barba blanca de Al Hakim, de 63 años, contribuyeron a recordar a otra multitud, esa que el 1 de febrero de 1979 recibió en Teherán al imán Rudollah Jomeini tras un exilio de 16 años para dar vida y triunfo a la revolución teocrática que derrocó al pro-occidental sha Reza Pavhlevi y cortó relaciones con Washington.

Geográficamente, el viaje del ayatolá iraquí se desarrolla en forma inversa.

Jomeini llegó a Irán proveniente de la ciudad santa chiíta de Najaf, en Irak, luego de haber estado en Francia.

Al Hakim, en cambio, desde Teherán, se dirige hacia Najaf, sede de la más importante escuela teológica de Teherán, donde tiene programado establecerse.

Washington, ante la algarabía popular de los chiítas (60 por ciento de los iraquíes), advirtió a Irán no entrometerse en los asuntos internos, tras la caída de Saddam Hussein, de su vecino, ahora bajo un régimen militar estadounidense.

El Sciri «no intenta crear un régimen como el de Irán porque Irak tiene características religiosas y sociales distintas», explicó un dirigente del partido político, Ibrahim Hammudi.

Al Hakim, en un discurso ante los miles de partidarios, reivindicó el derecho de los iraquíes a elegir el sistema político que deseen.

«El pueblo, los ulema y los Marajeh (las máximas autoridades religiosas) no quieren interferencias extranjeras en el futuro gobierno de Irak», dijo, aunque sin nombrar a Estados Unidos.

El ayatolá mencionó a los grupos que pretenden compartir el poder de un futuro gobierno, como los sunnitas, los kurdos y los nacionalistas.

«El nuevo gobierno -dijo- deberá ser compuesto por todos los grupos étnicos y confesiones religiosas».

La multitud acompañó el discurso con varias consignas: «Sí a Hakim», «Sí a la democracia», «Sí a la independencia», «Sí a las escuelas teológicas», «Si a la unión de sunnitas y chiítas».

Hakim realizó su viaje hasta Basora acompañado por milicianos de la brigada Badr que combatían al régimen de Saddam Hussein.

El responsable regional del Sciri en Basora, Sayyed Hussein AL Husseini aseguró que Al Hakim «no aceptará participar de un gobierno.

El es un líder espiritual y como tal es más importante que un presidente».

En Irán esta concepción en similar, ya que, actualmente, la máxima autoridad del país es el ayatolá Ali Jamenei, que tiene mayor poder que el presidente Mohammed Jatami.

En los últimos 30 años cinco hermanos de Hakim y otros doce parientes fueron asesinados en la lucha contra el régimen de Saddam Hussein.

El ayatolá escapó hacia Irán en 1980, cuando comenzaba la guerra entre iraníes e iraquíes que terminó ocho años más tarde.

Además del ayatolá, otros 500.000 iraquíes de la diáspora que viven en 40 países manifestaron su deseo de regresar tras el fin del régimen de Saddam Hussein.

Esa esa la estimación del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), que está planificando intervenciones en este sentido por un costo de 118 millones de dólares, en base a donaciones de varios países. Unos 200.000 iraquíes se encuentran en Irán y Acnur espera ordenar el retorno de los exiliados dando prioridad a estos, que están ubicados en zonas cercanas a sus lugares de origen. *

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