Debaten en Francia cómo proteger a los hombres de las mujeres
El ministro de Justicia de Francia, Dominique Perben, levantó polémicas al preguntarse públicamente si, ante el avance de las mujeres en varias profesiones, no se debería reservar un cupo mínimo de puestos a los hombres.
En la magistratura, los hospitales y las escuelas, las mujeres están ocupando la mayoría de los cargos. El resultado del último concurso para la Escuela Nacional de la Magistratura, donde se adiestran los futuros administradores de la ley, habla claro sobre el proceso de progresiva «feminización» de algunos sectores: las mujeres admitidas fueron 82 por ciento del total. No hay dudas sobre por qué las cosas son así: ellas son mejores, más combativas y más instruidas.
Se presentan a los concursos en igual proporción que los hombres, pero superan las pruebas de manera mucho más brillante.
La «ola femenina» parece imparable también en el mundo de la educación: en 2010 -profetiza un estudio reciente- las mujeres serán el 80 por ciento del personal docente en las escuelas primarias y medias inferiores, y el 60 por ciento en las escuelas medias superiores.
El otrora llamado «sexo débil», un enunciado profundamente machista, tiene hoy predominio en la función pública, ya que ocupa en total 56,9 por ciento de los puestos estatales. Los hombres están perdiendo posiciones también en la salud, hasta hace pocas décadas un feudo masculino: las médicas se multiplican continuamente.
Hoy son el 35,9 por ciento del total, en 2020 serán el 50 por ciento, y seguirán creciendo. La situación puede cambiar si, como sugirió el ministro Perben frente al resultado del último concurso para la Escuela Nacional de la Magistratura, se interviniera con un sistema de cupos. Se trataría de una «discriminación positiva», como la que se aplica en Estados Unidos para facilitar la integración de los negros y otras minorías étnicas. Las feministas francesas reaccionaron con evidente irritación a la ocurrencia de Perben: a su juicio, la igualdad jurídica entre los sexos aún no se tradujo en una realidad concreta y cotidiana. Las feministas se preguntaron si el ministro sabe que en promedio las mujeres ganan 15 por ciento menos que los hombres por el mismo trabajo. Además, son mayoría entre los desocupados (60 por ciento del total) y entre los mal pagos trabajadores de medio tiempo (80 por ciento).
En Francia, los hombres bajo amenaza de desplazamiento en los palacios de justicia, hospitales y escuelas, pueden consolarse con la idea de que conservan al menos un territorio sólidamente en sus manos, la política. En teoría, una drástica y audaz ley sobre la igualdad de oportunidades electorales impone desde 2001 que en las listas las mujeres sean al menos el 50 por ciento de los candidatos, pero si no se cumple, la única pena es una multa.
El resultado es que en la Asamblea Nacional resultante de las legislativas de junio de 2002,00 las mujeres son sólo 12,3 por ciento de los diputados, y hay pocas ministras en el gobierno del premier derechista Jean-Pierre Raffarin. *
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