Negocios en el santuario: monjes capuchinos contra "interventor" papal
Los monjes capuchinos del Santuario del padre Pío en San Giovanni Rotondo (sur de Italia), en pie de guerra contra el Vaticano, que decidió enviar un «interventor» para controlar la gestión del centro de devoción, esperan que una mediación pueda resolver el conflicto con la Santa Sede.
«Somos todos una gran familia, se aclaró con el Vaticano cómo tendrá lugar la gestión del Santuario», salió al cruce el padre Luciano Lotti, vocero de la provincia religiosa de los frailes capuchinos, tratando de aplacar el tono de las declaraciones del padre guardián Gian Maria Cocomazzi.
La Santa Sede decidió el domingo que un arzobispo, enviado por el Vaticano, tomara las riendas de la actividad que genera ese centro de devoción, el segundo en el mundo después del de Guadalupe (México), hasta ahora en manos de los capuchinos.
«Leímos las declaraciones del vocero vaticano, Joaquín Navarro Valls, que explica la bula emitida ayer. No es una expropiación, somos todos una gran familia en la cual hay hermanos mayores que pueden ayudar a hermanos menores», aseguró Lotti.
Por su parte, el alcalde de San Giovanni Rotondo, Antonio Squarcella, dijo: «Pienso que se llegará a un acuerdo, a una forma de no beligerancia entre los frailes que administraron el Santuario con resultados a la vista de todos y el Vaticano, representado por monseñor Domenico D’Ambrosio».
«Al final se puede llegar a una forma de cogestión; se quiere preservar la autonomía de los capuchinos, que realizaron resultados importantísimos, el último una nueva iglesia proyectada por el famoso arquitecto Renzo Piano», agregó el alcalde.
Polémicamente, el padre Cocomazzi había declarado esta mañana: «No podemos aceptar que los frailes pasen de ser propietarios a siervos, porque somos los verdaderos herederos de padre Pío».
El padre Pío, cuyo santuario está en la localidad de San Giovanni Rotondo, en la región italiana de Apulia, fue proclamado santo el 16 de junio de 2002 por Juan Pablo II.
«El Papa fue informado mal sobre todo el caso», dijo Cocomazzi en referencia a la designación de un «interventor» de la Santa Sede. «Esta es la tercera persecución», afirmó Cocomazzi frente a centenares de peregrinos.
«Nos están haciendo lo que en dos períodos diferentes le hicieron a él, a nuestro santo con los estigmas, al cual en vida durante un período hasta se le prohibió un encuentro con sus queridos peregrinos», sostuvo el religioso.
Monseñor Domenico Umberto D’Ambrosio, arzobispo de Manfredonia, Vieste y San Giovanni Rotondo, es desde el domingo el nuevo delegado de la Santa Sede para las obras de San Pío de Pietralcina y también para la gestión del santuario.
El Vaticano respondió hoy con celeridad frente a la polémica: los padres capuchinos, dijo hoy el vocero vaticano Joaquín Navarro Valls, «siguen ocupándose del santuario, pero el arzobispo del lugar tiene el derecho y el deber de vigilancia sobre la actividad pastoral que allí se desarrolla, como le compete a todo obispo de su diócesis».
«El título de delegado de la Santa Sede para las obras de padre Pío, precisó el director de la sala de prensa vaticana, es semejante al concedido por los sumos pontífices a los delegados de otros santuarios. Existen delegados pontificios que a veces son los mismos del lugar, como en Loreto y Pompeya, y a veces provienen de otras sedes».
Las obras de San Pío son el hospital Casa Alivio de los Sufrimientos y los numerosos grupos de plegaria que existen en el mundo, mientras que el santuario, al que concurren 9 millones de peregrinos al año, es fuente de abundantes ganancias para San Giovanni Rotondo.
Padre Pío, nacido el 25 de mayo de 1887 y fallecido «en olor de santidad» el 23 de setiembre de 1968, fue sometido a dos investigaciones promovidas por la Curia de Roma, que temía el ascendiente cada vez mayor del fraile campesino que había recibido los estigmas, como San Francisco.
En Italia, pero sobre todo en esa pequeña ciudad de la Apulia donde actuó padre Pío, existe una floreciente economía vinculada a la figura del santo, que va desde la venta de imágenes y objetos con su imagen estatuillas, relojes, remeras y velas hasta el «Limoncello de padre Pío», el licor de limón con su imagen en la etiqueta.
Otro de los productos, comercializado no sólo en Italia sino también en el exterior, es la torta «Padre Pío», un bizcochuelo con almendras producido también en San Giovanni Rotondo, en donde también se fabrica un aceite de oliva con la etiqueta del santo.
Las donaciones llegan de todo el mundo y el convento ofrece la posibilidad de colaborar con bancos para la iglesia (700 y 1.000 euros), crucifijos (3.000 euros) y confesionarios (8.000 euros) a través de una página web en la que también se ofrecen «kits» para la devoción que incluyen estatuillas, medallas y rosarios. *
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