El ex presidente argentino Carlos Menem denuncia fraude
Hay que separar la paja del trigo. El puntano, quinto en la consulta pasada, debe justificar su baja perfomance y utiliza lo que tiene a mano para mantenerse en un primer plano igual que el conservar en suspenso qué hará con el pedido de Menem para que lo vote y evitar que su espacio, el Movimiento Nacional y Popular, se desperdigue.
El expediente que el apoderado del menemismo, o si se quiere del Frente por la Lealtad, el sello con que el ex mandatario se presenta en estos comicios, se basa en una denuncia del programa de Canal 13, «Kaos en la Ciudad», donde se exhibieron como se negocian documentos de identidad, que serían a la vez, «truchos».
Curioso traspié de los letrados de Menem; los punteros peronistas del partido de La Matanza, donde «Kaos» comprobó las maniobras, pertenecen al mundo de Alberto Pierri, hasta el día de las elecciones el jefe bonaerense de la campaña electoral de Carlos Saúl Menem.
La derrota de Menem en La Matanza, un partido con más electores que la mayoría de las provincias argentinas, fue letal. Y el ex mandatario debe encontrar explicaciones. Por lo pronto ya tiene un «chivo expiatorio»: Pierri fue desplazado para el balotaje por el ex comisario Luis Patti. Pierri, dolorido, recordó que el comisario fue acusado de torturador en los finales de la dictadura militar donde condujo operativos que concluyeron con los asesinatos de dos dirigentes Montoneros.
La pregunta ociosa es si Menem está preparando el camino para armar un gran escándalo, incluso retirándose del balotaje si comprueba que puede ser vencido por más de 20 puntos por Néstor Kirchner. Por lo pronto, los analistas creen que las denuncias que ningún otro partido, salvo el de Rodríguez Saá ha hecho es parte del estilo de campaña para el segundo turno.
Guerra sucia
Menem es un político de fuste y ha dejado estos días el golf, el deporte que lo apasiona, por caminatas por barrios pobres del Gran Buenos Aires porque quiere saber por qué le fueron esquivos en la primera ronda. Y, lógico, busca revertir la situación. Incluso instalará en uno de esos barrios su búnker para este tramo decisivo de la campaña electoral.
El fraude es uno de los ejes de su prédica. Otro en un primer plano es tratar de demostrar que Kirchner será un títere de Duhalde y que por eso sería un presidente débil, que no garantiza la gobernabilidad.
«No podemos permitir que nos pongan otro presidente débil, al que puedan manejar, suceder o derrocar. Así le fue al De la Rúa de Alfonsín. Así le irá al De la Rúa de Duhalde», dice Menem en el aviso con que inició de hecho la campaña por TV. En el spot, de dos minutos de duración Menem no menciona a Kirchner por su nombre. Sí lo hizo en cambio en una entrevista en vivo. Allí habló Kirchner como «el candidato del poder prestado» y sostuvo que «perteneció al movimiento Montoneros».
La acusación sorprendió a la decena de asesores que lo acompañaban allí, incluidos su compañero de fórmula, el salteño Juan Carlos Romero, y su último candidato para el Ministerio de Economía, Carlos Melconian.
Es que en 1973, Menem llegó a la gobernación de La Rioja con el respaldo y financiamiento de aquel grupo armado y tuvo como colaboradores durante su paso por la presidencia, a numerosos ex militantes de esa organización. Incluso su eventual ministro de Defensa, en caso de llegar al gobierno, será ya anticipó Pablo Espartaco Rojo, que debió exilarse en los años del terror por pertenecer a la fustigada entidad armada.
Después de semejante andanada, el ex presidente propone en la publicidad «una amnistía de rencores» para revertir el alto rechazo que tiene en la sociedad y que se constituye en el principal escollo para derrotar a Kirchner y quedarse con la presidencia en el balotaje.
En la entrevista en el programa de Canal 9, Hora Clave, Menem se esmeró por captar el jugoso electorado alcanzado en la primera vuelta por el ex radical Ricardo López Murphy quien recogió sufragantes que lo harán por el ex mandatario, otros por Kirchner y una buena porción en blanco, según sostienen los encuestadores.
El jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, negó que hayan existido irregularidades en la primera vuelta electoral y agregó que «el pueblo castigará con la indiferencia» a quien intente sembrar dudas sobre la transparencia de los comicios.
En tanto, Kirchner busca no penetrar en un debate desgastante, se exhibe como un triunfador que se dedica a adoptar medidas de gobierno y viaja a Brasil y Chile para profundizar esa imagen de ganador.
Veremos. *
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