En la quinta visita de Juan Pablo II a España

El Papa evitó hablar de Irak ante Aznar

Al iniciar el sábado al mediodía una visita apostólica de 31 horas en Madrid, el Sumo Pontífice, lanzó un llamamiento a la paz en el mundo.

«La paz hace sentirse a los pueblos y a los hombres hermanos unos con otros», dijo Juan Pablo II en el aeropuerto de Barajas, donde fue recibido por los reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, y el gobierno español encabezado por José María Aznar.

Después de aguardarlo durante más de seis horas al aire libre en el aeródromo de Cuatro Vientos, en el suroeste de Madrid, más de 600.000 jóvenes fieles aclamaron al Santo Padre durante un encuentro de música y oración. Saludando repetidamente con la mano y con mucho sentido del humor, el Papa demostró una vez más la importancia que otorga a esos multitudinarios encuentros con la juventud, en la que depositó su esperanza y la de la Iglesia.

«Los jóvenes son los centinelas del mañana» y los «protagonistas de los nuevos tiempos», afirmó.

Al hablar a los jóvenes católicos en España, entre ellos miles de fieles latinoamericanos, el Papa condenó la violencia y la guerra, sin hacer ninguna mención en particular a la reciente intervención armada anglo-estadounidense en Irak a la que se opuso fervientemente, a diferencia del gobierno español.

En su mensaje a los jóvenes, que recibieron la Santa Cruz que recorrió una veintena de países y las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), Juan Pablo II rechazó «el nacionalismo exasperado, el racismo y la intolerancia».

El domingo, en presencia de más de un millón de seguidores congregados a lo largo de más de un kilómetro en el madrileño Paseo de la Castellana, el Papa proclamó santos a cinco beatos españoles del siglo XX, tres mujeres y dos hombres.

Durante una ceremonia celebrada en la Plaza de Colón en presencia de los reyes de España, el gobierno español, responsables de las más altas instancias del Estado y la jerarquía de la Iglesia católica española, Juan Pablo II convirtió en santos a Sor Angela de la Cruz, la carmelita madre Maravillas de Jesús, la monja Genoveva Torres Morales y los sacerdotes Pedro Poveda y José María Rubio.

A lo largo de dos jornadas soleadas y calurosas, debido a su estado de salud y a sus casi 83 años de edad, el Sumo Pontífice se desplazó en todo momento de forma mecánica. En público sólo se puso de pie el domingo algunos minutos para escuchar el evangelio. Enfermo de Parkinson y de artrosis, Juan Pablo II recorrió Madrid y los trayectos que lo separaban de los actos públicos en su ya conocido «papamóvil», un Mercedes blanco blindado.

En su misa de canonización, que duró casi tres horas, Juan Pablo II destacó el «valiente pasado de evangelización» de España y abogó por que sigan «floreciendo nuevos santos», lo que requiere que la comunidad eclesial mantenga su fidelidad al Evangelio y la familia permanezca unida.

Desde un estrado de 95 metros de largo, el Papa ofició la misa que los miles de fieles pudieron seguir a través de 10 pantallas gigantes. Para los invitados especiales se dispusieron 35.000 sillas y 1.800 sacerdotes dieron la comunión al concluir el servicio religioso.

Durante su estancia en Madrid, Juan Pablo II recibió en audiencia al presidente del gobierno, José María Aznar, y su familia. El domingo, al concluir la misa de canonización, recibió brevemente al líder de la oposición socialista española, José Luis Rodríguez Zapatero. Más tarde, luego de compartir un almuerzo con la jerarquía eclesiástica española, el Papa mantuvo un encuentro con la familia real en pleno.

Esta primera visita del Papa al extranjero en los últimos nueves meses, se llevó a cabo en medio de un impresionante dispositivo de seguridad que incluyó a 5.000 agentes de policía y 10.000 voluntarios. Los soberanos españoles y el presidente Aznar despidieron al Papa en el aeropuerto madrileño de Barajas, donde también lo aguardaron cientos de fieles. El vuelo que lo lleva de regreso a Roma partió a las 19H20. *

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