Un osario en Babilonia, testimonio de las atrocidades de Hussein
La obstinación de un padre cuyo hijo desapareció durante el levantamiento chiíta de 1991 llevó al descubrimiento de este osario ubicado entre un ruta y un pequeño canal.
«Mi hijo fue detenido en 1991, después de los disturbios. En el hospital me dijeron que había sido enterrado, junto con otros, en el sur de la ciudad», declara a la AFP Mohi Jabbar Hamza, habitante de Babilonia. Otros testigos se le suman.
«En 1991 vi cómo una topadora cavaba un foso y cómo luego un camión arrojaba un cargamento que en seguida fue cubierto de tierra», indica Salman Jari, de 33 años.
Por provocación o por negligencia, los torturadores del ex régimen de Saddam Hussein enterraron a las víctimas a pocos metros de un mausoleo chiíta, el de Bakr ben Ali ben Bakr, cuyo domo verde domina el llano paisaje.
En medio de una confusión general, la gente aparta un hueso por aquí y un jirón de vestimenta por allá. Otros llegan corriendo al lugar y no tarda en armarse un embotellamiento de coches antiguos.
Entre los cráneos secándose al sol, algunos corresponden a niños de 10 a 12 años. Una cabellera abundante indica si un cadáver pertenece a un mujer.
Algunos cráneos se ven cortados, lo que lleva a decir a un habitante que los torturadores seguramente utilizaron sierras eléctricas.
Dos soldados norteamericanos se acercan y constatan rápidamente la magnitud de los dos desastres: el del osario, prueba contundente contra el antiguo régimen, pero tambiín el causado por los métodos empleados para exhumar los restos.
«Están en vías de destruirlo todo, lo que va a complicar toda tarea de identificación», dice uno de los soldados, sin indicar su nombre.
«La situación es altamente emocional y muy delicada», dice el otro, que se se presenta únicamente como David.
Los soldados piden a la multitud que desaloje el lugar para que los especialistas del ejército norteamericano puedan «documentar otro aspecto de las atrocidades de Saddam Hussein». Los habitantes se niegan.
«Hay que seguir cavando porque quiero encontrar aunque sea un pequeño rastro de mis dos hermanos, que desertaron el ejírcito antes de ser arrestados», dice Ahmed Saleh, de unos 40 años.
Los pobladores de Babilonia dicen conocer a los torturadores. El nombre más repetido es el de Habib Tomaa, ex jefe local del partido Baas. También se nombra a sus asistentes Ali Obeid y Abu Zeineb.
«Ali Obeid se esconde en un huerto. Fue atacado ayer pero logró escapar», dice un comerciante que, por un reflejo añejo, se niega a revelar su identidad. *
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