Los pasajeros a la balanza

La Administración Federal de Aviación norteamericana (FAA) esté pensando en modificar los criterios de ocupación de los aviones civiles teniendo en cuenta el peso de los pasajeros, sobre todo en el caso de los aparatos pequeños, como los que funcionan con turbohélice.

El tema aún no se comenta abiertamente, pero entre las medidas en estudio parece haber una que pedirá a los pasajeros declarar su peso, para poder llenar el avión de manera equilibrada.

En caso contrario de que no haya medidas las compañías –a las que no les disgusta en absoluto la idea de fijar el precio del pasaje en función del peso del pasajero– podrían negarse a dejarlo subir a bordo.

La FAA tiene en cuenta un accidente ocurrido el 8 de enero en el aeropuerto de Charlotte (Carolina del Sur), cuando un pequeño Beech 1900 lleno de pasajeros se estrelló al despegar, cayó contra un hangar y mató a las 21 personas que estaban a bordo.

Al parecer el despegue se realizó con un éngulo de subida normal, pero luego «algo» aún no precisado provocó que la nariz del avión se inclinara más de lo previsto, hasta poner al avión casi perpendicular al piso, hasta caer. El vuelo duró en total 37 segundos.

Los análisis se orientan a determinar si hubo un problema de carga: tal vez excesiva –hay dudas al respecto–, tal vez mal distribuida. La piloto, una joven de 25 años, sabía de todos modos que el avión estaba al límite de su capacidad.

Provocó polémicas inmediatas pero también preocupación la orden impartida a fines de enero por las autoridades de transporte aéreo norteamericanas a las compañías para que pesen la carga de los pequeños aviones: no sólo los equipajes, sino también a los pasajeros.

Las reglas en vigencia establecen que un pasajero «promedio», incluyendo vestidos y equipaje de mano, pese 180 libras (casi 90 kilos) en verano, y 185 libras (poco más de 90 kilos) en invierno. *

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