Lula propone al G-7 plan mundial contra el hambre
«Es una reunión del G-7 más Brasil, más Africa del Sur, más India, más México», expresó Lula da Silva durante una exposición ganadera en el interior del estado de Minas Gerais, en el sudeste de Brasil.
En su discurso, Lula da Silva dio a entender que su propuesta para acabar con el hambre en el mundo tendrá el molde de su plan
Hambre Cero, el principal proyecto social de su gobierno, con el cual confía en acabar con este flagelo durante su mandato.
En enero, el presidente había hecho un fuerte llamado a la lucha mundial contra el hambre al hablar en el Foro Económico Mundial, en Davos.
Según cifras oficiales, el hambre afecta a 44 millones de brasileños, 26 por ciento de la población total.
Al hablar en la ExpoZebú 2003, Lula da Silva estimó que la solución del problema del hambre en su país derivará en una expansión del consumo interno que a su vez redundará en un aumento de la producción y un crecimiento de la economía.
«Yo siempre digo que el día que cada brasileño pueda comer un bife por día vamos a multiplicar nuestros animales y el día que cada brasileño pueda comprar los productos que se ofrecen en el supermercado vamos a aumentar nuestra producción», sostuvo.
«El problema del hambre es un problema urgente en Brasil y en el mundo. Por eso, yo dije que no quiero, no debo ni puedo errar en mi gobierno», agregó.
Lula da Silva expresó que su gobierno seguirá «luchando por reglas más claras y justas en el comercio internacioanl y para acabar con las barreras a productos brasileños como nuestra carne, que es la más competitiva del mundo».
El presidente brasileño también reiteró su promesa de realizar «una reforma agraria tranquila y pacífica» y anunció que anticipará en un mes la liberación de créditos para la cosecha agrícola.
«Nunca debemos olvidar que el principal problema de Brasil ha sido su incompetencia histórica para resolver sus propios problemas, como el hambre. Soy el más optimista de los seres humanos: todos los días cuando me despierto, cuanto peor es el título de los diarios, más optimista me pongo con el futuro de Brasil», aseguró.
Lanzado con un gran soporte publicitario, puesto que es uno de los principales objetivos para el gobierno, el plan Hambre Cero comenzó a ser aplicado en marzo en modo experimental en algunas ciudades del interior del país.
Básicamente, el plan consiste en entregar 50 reales mensuales, unos 17 dólares, a cada familia pobre, que debe destinarlos a la compra de determinados alimentos y bebidas.
En algunas localidades esos 50 reales se entregan en billetes y en otros a través de una tarjeta o vale. Además, los métodos de control del destino de ese dinero varían según la localidad en esta fase experimental.
Recién en el segundo semestre, cuando se obtengan las conclusiones de esta fase experimental, será diseñado el formato definitivo del programa.
Varios expertos, como el obispo Mauro Morelli y la titular de la pastoral de la Iglesia Católica para los niños, Zilda Arns, criticaron la «lentitud» en la aplicación del plan. *
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