Las peores crecidas vistas en Santa Fe dejaron 18 muertos y 60.000 evacuados

El lento regreso a los hogares arruinados por las inundaciones

Abeduto, ‘Pepe’ como lo conocen en el barrio, regresó a su taller junto a la AFP y quedó en silencio, petrificado, cuando vio que el auto y las pocas máquinas de reparación de zapatos quedaron inutilizables.

En el barrio Roma de clase media baja, la catástrofe está marcada en las fachadas de las casas con un nivel de más de un metro de altura tras producirse la madrugada del martes una correntada incontenible que obligó a los santafesinos a huir presurosamente para no ser arrastrados por el torrente.

‘Pepe’, 73 años, hace 30 que tiene el pequeño comercio y mantenía la antigua modalidad del ‘fiado’ pese a la crisis económica. «Trataba de ayudar a los vecinos porque están muy mal, pero ahora nos tenemos que solidarizar todos porque esto es un desastre».

La angustia por el abandono de los hogares se tornó en desesperación al regreso. Muchas familias dilataban el ingreso por temor a encontrarse con lo peor, como finalmente ocurrió.

Carolina Gaitán, 25 años, estalla en llanto y se toma la cabeza cuando ve su casa y el consultorio médico de su hermana Susana destruidos. Entra y encuentra todos los objetos materiales desparramados, inservibles.

«Perdimos todo lo que compramos con años de trabajo, y mi hermana se quedó sin el consultorio en el que atendía por monedas a los vecinos «, dice.

A su edad, Carolina ya sufrió demasiado: perdió el trabajo como millones de argentinos durante la crisis económica inédita y ahora afronta las consecuencias del peor desastre natural de la historia de la ciudad de Santa Fe, donde ya se registran 18 muertos y 60.000 evacuados.

Carlos Domínguez, de 32 años, estuvo tres días junto a su suegro en el techo de la casa para evitar los saqueos que se multiplicaron en casi toda la ciudad de 400.000 habitantes y obligaron a las autoridades a recurrir a las fuerzas federales de seguridad para controlarlos.

«Perdimos el 80% de los muebles y la totalidad de los electrodomésticos», dijo Carlos, quien presagia un agravamiento de la seguridad en los próximos días, cuando bajen más las aguas.

«Por el barrio no vi a los saqueadores, aunque escuchamos disparos. Pero seguro van a venir por la baja de la inundación. No lo hicieron antes, porque sabían que al desplazarse por el agua, el ruido alertaba a los vecinos», dijo Domínguez.

El barrio Roma está dividido en dos: de un lado los que retornaron a sus casas ya sin agua, pero con un balance pavoroso de pérdidas y, del otro, a escasos 50 metros de donde viven Pepe, Carolina y Carlos, los vecinos siguen desplazándose en botes y sus viviendas continúan anegadas.

Pero los que están en tierra en firme y los que siguen en el agua, lo han perdido todo y sólo les queda volver a empezar. *

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