Más apoyos para Kirchner

El árbol no debe tapar al bosque y el hecho de que la disputa final del próximo 18 de mayo sea entre dos peronistas, Carlos Menem y Néstor Kirchner, no invalida el juicio que algo fuerte ha ocurrido en la Argentina.

No es que lo digan los encuestadores que casi en malón avizoran una diferencia muy fuerte entre el sureño y el riojano. Es el entorno de Menem que refleja más que nadie que las cosas salieron mal el último domingo y que son limitadas sus posibilidades de ampliar, el voto de los independientes.

¿Final de una etapa? Al menos, bisagra hacia algo diferente, que debe pasar inexorablemente por la derrota del pasado, aunque sea en su manifestación en las mesas de votación. Las secuelas económicas y culturales que deja el menemismo, no se revierten en una jornada. Tampoco los efectos deletéreos de la devaluación de enero de 2002.

Cuando el riojano fue al llano en 1999, la sociedad pareció romper con él. El esfuerzo de Menem de recomponer sus vínculos con la gente, de acuerdo con lo que vemos, es lo que no consigue.

Vayamos por parte: conocidos los resultados que le dieron una escasa luz a Menem sobre Kirchner, los caciques del peronismo mayoritariamente se van reagrupando detrás del gobernador de Santa Cruz. Así ha ocurrido en Córdoba y Entre Ríos, dos distritos importantes donde en el primer turno al sureño le fue mal.

No es el único caso: intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires, que se jugaron a favor de Adolfo Rodríguez Saá, con posturas propias del justicialismo folclórico en su mayoría han prometido sufragar por Kirchner. Fue un error de Menem de ir al pie del puntano a pedirle un respaldo que no le podía asegurar, ya que los referentes más fuertes del «adolfismo» en el espacio gremial y político, han anticipado que con Menem, ni a la esquina. El ex gobernador de San Luis, revela que no puede disponer del caudal electoral apreciable que lo acompaño hace una semana.

Corrimientos

El ex presidente partió de una falsa premisa: que sacaría una ventaja en la primera vuelta que generara un irrefrenable furor de victoria. Su esfuerzo actual de presentar a nuevas figuras, incluso anticipando un gabinete, está dirigido a los independientes pero elude que el problema es el riojano.

El respaldo crítico de Elisa Carrió para el sureño, así como agranda sus posibilidades, puede jugar como contrapeso implícito sobre el rumbo de su eventual gestión. La líder del ARI tiene escasa confianza en Kirchner, y por eso dio la indicación de no negociar nada a cambio del respaldo electoral que servirá para sacar del camino, supone, a «la mafia», es decir, a Menem, para continuar avanzando en una depuración más profunda que para la líder del ARI, solo se inicia con la victoria de Kirchner, pero que éste, no la representa.

Hubo gente del espacio de Carrió que prefería un acuerdo programático, aunque no de cargos, con el sureño. Temas a coincidir: la renovación de la Corte, una reforma constitucional para reducir el presidencialismo que debería concretarse con una renovación total del Parlamento, puntos de política externa, partiendo del reforzamiento del Mercosur y la alianza estratégica con Brasil y una batería de medidas de inclusión social y promoción del trabajo que conlleva una fuerte reforma tributaria.

«Se pueden concretar más adelante», comentan en las filas del patagónico. Con todo, el sufragio de este espacio de centro-izquierda es sobre todo contra Menem, y no elude la responsabilidad de decidir en opciones que eligió la sociedad hace una semana.

Ricardo López Murphy era el candidato del establishment y de Washington. Sus ideas económicas y por estar limpio de escándalos, caían mejor en EEUU y Wall Street que el riojano. Sea por acción sicológica o por que hay espacio en la sociedad para una fuerte expresión de centro-derecha sin los estigmas que caracterizan al menemismo, lo real es que estuvo a un paso de arrimar para el balotaje con votos incluso que pudieron ser para Carrió y que –junto al «voto positivo» que se desplazó para Kirchner– hubieran colocado a la mujer en los lugares de decisión final.

Errores de López Murphy

Pero si así no fue, no ha sido tan solo por la manipulación de sus adversarios, sino que por ahora, la sociedad la coloca como su fiscal su referente para el futuro, de cuyo destino depende una capacidad de articulación de esfuerzos y personas.

LM tiene un gran problema: mantener su caudal para dar nuevos pasos hacia el poder, pero no se define en la coyuntura, perdiendo el peso de referente del espacio que lo votó. Es que el ex radical recibió apoyos cruzados: del electorado de centro-derecha, de parte de los radicales y no pocos progresistas que apostaron que la definición de mayo, no quedara entre dos justicialistas.

La reacción de Bolsa, el pasado lunes, fue cristalina; cayeron los papeles de bancos y de empresas de servicios públicos que apostaron a la presencia de LM en el segundo turno. De paso, le enviaron un mensaje al sureño de que debe colocar sus intereses en la agenda de sus prioridades

Los analistas creen que hay un voto que fue para LM que irá para Menem, pero el de afluente radical o independiente, posiblemente se dirija con parecido sentido crítico que imprimió Carrió desde el primer momento, hacia Kirchner. Y algunos engrosaran el voto en blanco, la propuesta que desde un ángulo diferente, plantea la izquierda histórica.

Sobre Kirchner cae el peso del aparato de Eduardo Duhalde, que Menem utiliza con sarcasmo para esmerilarlo. «Es un títere del presidente», insiste el riojano. La dependencia actual es visible; jamás por lo menos en estos comicios, Kirchner hubiera llegado al balotaje sin el respaldo del poderoso aparato peronista bonaerense.

Es uno de los puntos más débiles del sureño. No es casual que a casi una semana de los comicios, no hubo encuentro entre ambos, aunque obviamente numerosas charlas telefónicas, para emitir una tenue señal de independencia. Mucho depende del acierto de Kirchner en su discurso y actos antes del 18 de mayo, para que las profecías de su victoria se cumplan.

El supone que un papel más relevante del ministro de economía, Roberto Lavagna, que lo seguirá siendo en el triunfo, será mucho más importante que reiteraciones de respaldo por parte del Presidente. Del mismo modo, debe evitar, con designaciones apresuradas de eventualmente ministros que se escriben del mismo modo que varios actuales, dar un visión de continuismo sin matices.

El eje de su discurso es aquello de que lo que está en juego son dos modelos: el suyo, que es de producción, inserción en el mundo a través del Mercosur, un vasto plan de obras públicas y viviendas para disminuir la desocupación, limitar el papel de los bancos, etc. Sería lo diferente a lo que hizo Menem. Este entendió que con la defensa de su gestión no iba a ningún lado y dice ahora que haría básicamente lo mismo, diferenciándose en política externa y en el papel de los militares en los asuntos domésticos, particularmente respecto de la conflictividad social.

El menemismo hace de estos dos temas una cuestión de fondo, al punto que su mentor ha definido que el 18 se vota vivir como en Cuba (Kirchner) o como en España (él), un dislate, de atractivo muy discutible pero se trata de crear espanto, más del que su persona genera, para que su salida de la política ni sea tan temprana ni tan traumática.

¿Termina un ciclo?

Es que con una derrota de Menem culminaría un tiempo de este país y el final de los liderazgos fuertes, que compartió con otro derrotado, Raúl Alfonsín (la debacle radical es inédita) y con Duhalde. De este último algunos esperan que tenga un retiro digno y al
iente la renovación en sus filas. Aquellos que no han dejado de criticarle sus métodos de acumular políticamente, mediante una red de caudillos locales que disponen de recursos del Estado para fomentar el clientelísmo, no creen en la generosidad del paso al costado.

Pero antes de continuar, pensemos. Los historiadores conocen que todos los movimientos de fuerte rechazo tienen su faceta libertaria y peleona, pero en sí mismas la rebelión política y cultural, como eso de «que se vayan todos», son síntomas, no fuerzas revolucionarias. Cuando más prominentes eran, más seguros podemos estar que lo importante no estaba ocurriendo. ¿Pero qué pasa si «lo importante», no era el derrocamiento del capitalismo, sino precisamente la destrucción de los modelos tradicionales de las relaciones existentes entre las personas, los partidos políticos tradicionales y el Estado? ¿Qué pasa si sencillamente había un error de apreciación al considerar a los rebeldes de diciembre de 2001 (los caceroleros idílicamente unidos con el piqueterismo) como una fase o variante de izquierda? En este caso no habría sido un intento chapucero de cierto tipo de revolución, sino la ratificación efectiva de otra: la protesta de la sociedad abolía una política tradicional, y que golpeó la política de izquierda tradicional, mediante el eslogan «yo quiero decidir».

Sueños de una noche de otoño o no, el voto independiente es más fuerte que en el pasado y sino que lo digan los radicales. El propio Menem llegó al 24% de los sufragios por el millón de votos que la Unión del Centro Democrático –el partido del pope del liberalismo ultra, Alvaro Alsogaray–le aportó llevándolo en sus boletas.

Se perfilan nuevas fuerzas y otros líderes

Así las cosas, surgen pimpollos de una nueva composición del cuadro político. Se perfila una centro-derecha detrás de LM, una centro-izquierda con la referencia de Carrió y el centro, ladeándose hacia uno u otro costado, dependerá, en poder de la nueva generación peronista, que deberá ser más colectiva, porque de la crisis que consigue otra vez más en la historia remontar, no genera liderazgos seductores. Va de suyo que hay que pensar en una recomposición de la UCR que clama por que se defina en que espacio quiere estar y que la izquierda evalúe también que cambios son posibles.

De cualquier forma, Kirchner emitirá más gestos de acercamiento al centro-izquierda con encuentros con Lula y Ricardo Lagos, antes del 18. En la misma dirección de generar seguridades que sabrá manejar la gobernabilidad, el fantasma que levanta Menem, actuará como si ya estuviera en funciones de gobierno y hablando más sobre temas concretos, incluso de la inseguridad que con secuestros de resonancia, llevan agua al molino del riojano.

¿Una mano oculta? Si caer en simplificaciones, o en causa y efecto, es difícil creer que el menemismo duro, acepte resignadamente que la pelea está perdida. Si el resultado electoral no es tan elocuente como prevén los analistas, lo más probable es que las impugnaciones a mesas se multipliquen, que el proceso se judicialice y que el 25 de mayo, en vez de un presidente electo por el pueblo, reemplace a Duhalde alguien designado provisionalmente por la Asamblea Legislativa.

Hay camino por desandar. *

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