A un año de la masacre, Bojayá sigue amenazada por los grupos armados

A un año de la masacre de 119 campesinos en el selvático pueblo colombiano de Bojayá (noroeste), sus habitantes continúan viviendo bajo el acecho de la guerrilla y los paramilitares, en condiciones agudas de pobreza y abandonados por el Estado.

En el más grave hecho de violencia cometido contra la población civil en cuatro décadas de conflicto armado en Colombia, el 2 de mayo de 2002, en medio del fuego cruzado entre rebeldes y paramilitares, murieron 119 labriegos, 45 de ellos niños, en la iglesia de Bojayá.

Allí se habían refugiado presas del pánico por el combate entre rebeldes y paramilitares, y los sorprendió la muerte cuando un cilindro-bomba fue arrojado por rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que perseguían a paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos en Colombia responsabilizó de la tragedia tanto a los paramilitares de extrema derecha y a la guerrilla izquierdista, como al Estado por no haber atendido las alertas de las autoridades locales de que algo así iba a suceder. *

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