Atentado suicida en Israel
El atentado, perpetrado en los accesos a la estación de tren de Kfar Saba, en el norte de Tel Aviv, causó la muerte de un israelí, el vigilante Alexandre Kostiuk, de 23 años, originario de la extinta Unión Soviética. El ataque, que provocó heridas a otras trece personas, de las cuales dos permanecían en estado grave, costó también la vida a su autor.
La perspicacia del vigilante permitió evitar una masacre ya que Kostiuk sospechó del kamikaze, Ahmed Khaled Khatib, de 18 años y se abalanzó sobre él para evitar que entrara en la estación, según versión facilitada por la policía israelí.
Por otra parte, dos palestinos resultaron muertos este jueves por los disparos de soldados israelíes que apuntaron contra una multitud de jóvenes que les lanzaban piedras en Ramalá, en Cisjordania.
Con estas muertes ya son 3.177 el número de fallecidos desde que comenzó la Intifada, a finales de septiembre de 2000, entre ellos 2.393 palestinos y 726 israelíes.
El ministro israelí de Defensa, Shaul Mofaz, debía reunirse este jueves por la noche con responsables militares para decidir qué respuesta dar al atentado de Kfar Saba, según la radio militar israelí. Sin embargo Israel no pretende entrar en una nueva escalada militar que fragilizaría al nuevo primer ministro palestino, que aún no ha tenido tiempo de asentar su autoridad. En consecuencia, la reacción israelí no debería superar en importancia a las incursiones, en ocasiones sangrientas, que el ejército lleva a cabo desde hace varios meses en Cisjordania y en la franja de Gaza, según la radio militar.
El atentado de la estación de Kfar Saba fue reivindicado por las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, grupo armado vinculado al movimiento Fatah del dirigente palestino Yasser Arafat al que pertenece el nuevo primer ministro palestino.
Ello «demuestra que Israel tiene razón en exigir, antes de que se reanuden las negociaciones (con los palestinos) que cesen las acciones terroristas», declaró este jueves el ministro israelí de Relaciones Exteriores, Sylvan Shalom, que recibió en Jerusalén al emisario ruso para Oriente Medio, Andrei Vdovine, según una fuente oficial.
Por su parte el ministro israelí de Interior, Tommy Lapid, jefe del poderoso partido laico Shinui, que ocupa quince escaños de los 120 de los que consta el Parlamento israelí, se declaró hostil a una operación israelí de envergadura.
«El atentado demuestra la voluntad de los terroristas de torpedear cualquier posibilidad de abrir una nueva era en las relaciones israelo-palestinas», declaró Lapid a la radio pública israelí.
El ministro estimó que Israel debería evitar caer en la trampa al reaccionar con demasiada dureza y que, al contrario, debería «dar a Mahmud Abbas la posibilidad de demostrar su valía».
El atentado de Kfar Saba se produjo cuando aún no se había cumplido un día desde que el presidente de la Autoridad palestina, Yasser Arafat, y Abbas llegaran a un acuerdo sobre la composición de un nuevo gobierno palestino que se supone trabajará para que se decrete una tregua en los actos de violencia con objeto de reanudar las negociaciones con Israel.
El atentado en Israel mereció la condena de Arafat y la dirección palestina que lo calificó de «operación terrorista».
El primer ministro palestino designado es partidario de una «desmilitarización» de la Intifada ya que estima que la prolongación de la violencia juega en contra de los palestinos, una idea rechazada por los movimientos islamitas de Hamas y la Jihad islámica así como por las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa. *
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