Miles de fieles oraron en sus templos en todas las ciudades iraquíes

Lágrimas por el Islam

En el gran patio de la mezquita de Al Kazimiya de Bagdad, rodeados de cientos de frases del Corán grabadas en la piedra, miles de iraquíes recordaban ayer lunes los milagros del imán Musa al Kazim, enterrado en el santuario, y le agradecían haber hecho realidad su deseo más preciado: el fin de Saddam Hussein.

Escrito por: BEATRIZ LECUMBERRI - BAGDAD, AFP

Martes 22 de abril de 2003 | 4:13
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 Hombres y mujeres besaron en se

“Ha habido ciegos que vieron, enfermos que sanaron gracias a la mediación del bien amado (imán) Hussein. Yo lo he visto, le juro que es verdad”, afirma la anciana Fátima, que vende té en el interior de este patio abarrotado de gente.

Terminado de construir por el sultán Suleimán el Magnífico, de la dinastía otomana, a finales del siglo XVI, este templo es venerado con gran devoción por los chiítas de Bagdad pero sus puertas están abiertas a miles de sunitas.

Sus dos cúpulas de oro, situadas sobre la tumba del imán y flanqueadas por cuatro minaretes, fueron reconstruidas en diversas ocasiones por Saddam Hussein.

“Era para robar las láminas de oro y ponerlas en sus palacios”, aseguran los fieles que no ocultan su alegría ante el final del régimen del ex líder.

“Chiítas y sunitas, todos odiábamos a Saddam. He perdido la cuenta de las veces que pedí en este santuario que finalizara la dictadura. Hoy en día, ese es el gran milagro del imán Musa al Kazim”, explica Ahmad, tras la oración de mediodía.

Ayer lunes, cientos de hombres y mujeres besaron en señal de respeto el fastuoso pórtico de madera y oro que da entrada a la mezquita y rezaron con motivo del aniversario de la muerte de Hussein, tercer imán según la tradición chiíta y nieto de Mahoma, fallecido en 680 en la batalla de Kerbala (100 km al sur de Bagdad), donde está enterrado.

Mujeres en llanto cubiertas de pies a cabeza con su túnica negra, hombres portando sables en la cintura y ondeando banderas negras y verdes, señal que identifica a los chiítas, entraron en procesión al santuario en recuerdo de Hussein.

“En tiempos de Saddam, todo estaba prohibido. Este acto religioso nunca habría podido celebrarse, pero ni siquiera las plegarias se realizaban correctamente. Muchos fieles fueron detenidos cuando rezaban a mediodía en esta mezquita”, explica Jaled, uno de los hombres que encabezan la procesión.

Los hombres se golpean el pecho al ritmo del lamento cantado del director de la oración. “Nada es lo mismo sin ti, Hussein”, “No te olvidaremos, oh Hussein”, entonan. Presiden la ceremonia dos grandes fotografías, una del mártir y otra de su cabeza, rodeada de espadas ensangrentadas. El imán Hussein murió decapitado y sus asesinos depositarán su cabeza a los pies del califa Yazid, su adversario.

Una gran peregrinación de chiítas, hasta este año controlada por el régimen de Saddam, se celebrará libremente el martes y miércoles en Kerbala, en memoria de este gran imán. Los que no pudieron viajar hasta aquella ciudad del sur recuerdan a su maestro en Bagdad. *

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