Luego de huir atemorizadas por la guerra

Familias enteras emprenden el retorno hacia Bagdad

«Es difícil para una familia como la nuestra decir a quién tenemos más miedo: si al régimen anterior o a Estados Unidos», explica Sayah, madre de la familia, de 45 años, desolada ante la falta de seguridad en las calles, los saqueos y la visión de los edificios oficiales, todavía humeantes tras ser pasto de las llamas.

Su marido, Gaab Bishar, un médico del Ejército que pasó ocho años en el campo de batalla en la guerra Irán-Irak (1980-88) y entró con los soldados iraquíes a Kuwait en 1990, todavía no se atreve a hablar con la prensa.

Sus hijos, esposa, hermanas y el resto de la familia huyeron en una camioneta el día 18 de marzo rumbo al norte.

Bishar les siguió hace diez días, cuando vio que el régimen de Bagdad agonizaba. Ahora tiene miedo de que los estadounidenses vengan a buscarlo, explica su esposa, subrayando que por encima de todo es un médico que desea trabajar normalmente en una clínica.

«Decidimos volver porque esta es nuestra casa, la que compramos hace un año con mucho esfuerzo. Teníamos miedo de encontrarla vacía, destruida o quemada», explica Sayah en el comedor de su lujosa mansión del centro de Bagdad.

Sobre la chimenea del hogar, todavía aparece bien visible la marca de un cuadro retirado hace poco. Cuando se les pregunta si era un retrato de Saddam Hussein, la familia guarda silencio y sirve rápidamente el té.

Guardias privados contratados por Bishar velaron por la seguridad de la vivienda día y noche durante la ofensiva militar estadounidense sobre la capital.

Las puertas fueron selladas con barras de hierro y ladrillos para evitar la entrada de ladrones, las ventanas se reforzaron y se retiraron joyas y otros objetos de valor.

«Muchas familias de militares están volviendo como nosotros. ¿Qué íbamos a hacer? Queremos formar parte del futuro de nuestro país, no queremos tener miedo porque no hicimos nada malo, sólo intentar sobrevivir de la mejor manera posible en medio de este régimen», explica.

Es el caso de la familia Rachid, que ha vuelto desde Hilla, al norte de Bagdad, a su barrio llamado Babel, una zona burguesa del centro de la capital, y se ha encontrado su casa completamente desvalijada.

Los cerca de 40 hombres armados que un jeque tribal local situó en diferentes puntos del vecindario desde la semana pasada para impedir nuevos saqueos llegaron demasiado tarde.

«Teníamos miedo por nuestros hijos y nos fuimos. Pero si lo hubiéramos sabido…», lamenta el cabeza de familia, que prefiere no dar su nombre completo.

Profesor de Marketing en la universidad de Bagdad y miembro «obligado» del partido Baas, de Saddam Hussein, culpa a los estadounidenses de su desgracia. «Liberar a un pueblo no quiere decir librarle de un dictador y arrojarlo en manos de otros criminales», acusa, desesperado. s*

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