Irak y Medio Oriente fueron temas principales en el mensaje pascual

Papa lanza llamado de paz

«Â¡Paz en Irak! Que con la ayuda de la comunidad internacional, los iraquíes se conviertan en protagonistas de una reconstrucción solidaria de su País», dijo ante cerca de 40.000 peregrinos de todo el mundo, entre ellos muchos latinoamericanos, que asistían a la misa de Pascua en la Plaza de San Pedro.

«Paz en las otras regiones del mundo, donde guerras olvidadas y conflictos solapados provocan muertos y heridos entre el silencio y el olvido de no poca parte de la opinión pública», denunció el jefe de la iglesia católica.

«Con profunda tristeza pienso en las huellas de violencia y de sangre que no parecen tener fin en Tierra Santa. Pienso en la trágica situación de no pocos países del Continente africano, qué no puede ser abandonado a su suerte», recordó.

«Tengo bien presentes los focos de tensión y los atentados a la libertad del hombre en el Cáucaso, en Asia y en América Latina, regiones del mundo queridas igualmente por mí», afirmó el Papa con voz clara y firme.

«Que se trunque la cadena del odio que amenaza el desarrollo ordenado de la familia humana. Que Dios nos conceda ser liberados del peligro de un dramático choque entre las culturas y las religiones», agregó Juan Pablo II, cuyo discurso fue interrumpido varias veces por los aplausos.

«Que la fe y el amor a Dios hagan a los creyentes de cada religión valientes artífices de comprensión y perdón, pacientes constructores de un provechoso diálogo interreligioso, que inaugure una era nueva de justicia y de paz», auspició el jefe de la Iglesia católica, al festejar la resurrección de Cristo, una de las festividades más importantes para los católicos.

Después de la misa oficiada en la basílica y transmitida en directa a unos 56 países, el Papa deseó «una feliz pascua» en sesenta idiomas e impartió la bendición «Urbi et Orbi», a la ciudad y al mundo, con la que concede la indulgencia plenaria a todos aquellos que la reciben, aún por radio o televisión.

Juan Pablo II, que empleó una silla especial para desplazarse con un mecanismo sofisticado para subir y bajar, celebró todos los ritos de la Semana Santa iniciados el Jueves Santo.

El viernes improvisó por cerca quince minutos un discurso sobre la vida y la muerte al término del tradicional Via Crucis nocturno en el Coliseo de Roma.

El sábado en la noche presidió la misa de la vigilia de Pascua hasta casi medianoche y el domingo en la mañana, a pesar de su delicado estado de salud, ya que sufre la enfermedad de Parkinson y problemas en una pierna por una operación al fémur que le impiden caminar, celebró la misa de Pascua ante numerosos cardenales, obispos y representantes del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. *

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