Argentina: un final sorpresivo
Amén de las indefiniciones, que no serían novedosas, se reconoce la volatilidad del sufragio, producto del escaso entusiasmo que despiertan los candidatos pero que paradójicamente puede concluir en una gran sorpresa.
En la intimidad, cada uno de los aspirantes conoce de sus limitaciones, más allá de las lapidarias afirmaciones, como las de Carlos Menem de que no ganará en el primer turno. «Hablará solo con quien no le genere inconvenientes; un mal mensaje, le puede costar el primer lugar», confiesan en su equipo comunicacional.
Cada uno de los candidatos es prudente y por ello no habrá debate televisivo. Al riojano lo daba como vencedor la mayoría de los encuestadores, aunque no para el segundo turno pero como hay cambios diarios: últimos datos recogen una arremetida (¿triunfal?) de Ricardo López Murphy.
Todo es probable, pero con tanta indiferencia ciudadana (los mítines multitudinarios son por ahora cosa del pasado), el desperdigamiento de las organizaciones sociales, incluso las patronales y también la dudosa metodología que utilizan los encuestadores –por caso, no se analizan las poblaciones agrarias o ciudades con menos de 20.000 habitantes, que pueden dar sorpresas a todos– convierten en esta ocasión en virtud a la prudencia. Hay contradicciones entre los propios hurgadores del subconsciente colectivo. Ejemplos: todos coinciden en que más del 90% de los argentinos se opuso a la guerra y que la agresión contra Irak elevó como nunca el sentimiento antinorteamericano. O que retorna el nacionalismo económico que enterró el pensamiento único de los ’90 con Menem como mentor. Pruebas: un reclamo generalizado para que se controlen a las empresas privatizadas o que el Estado debe tener más presencia en el mercado and last but not the least, la estima visible a favor de una política externa propia. Y aun más: sectores empresariales pregonan la necesidad de recrear la burguesía nacional y ponen distancia del capital extranjero.
Sin embargo, si este es –y hay razones para suponerlo– algunos de los trasfondos del proceso electoral y no las solamente coyunturales a los que no están de más añadirle los índices de indigencia, pobreza y desocupación, no se compadecen con un escenario de balotaje entre Menem y otro exponente, no peronista, del centro-derecha, López Murphy, quien de quinto entre los probables, algunos ya lo colocan tercero y en ascenso en grandes conglomerados urbanos, con alta chances de ir a la segunda vuelta.
Alguien está errado
Algo, entonces, no funciona. O la sociedad vira a la derecha –escenario que algunos hurgadores creen captar–, que nada combativo –salvo piqueteros o damnificados por algo– quedó de la bronca popular, acicateada por el corralito, sin duda, que protagonizó el contexto de dos caídas presidenciales o los sondeos están errados. O la confusión es de tal magnitud que puede derivar en cualquier escenario.
Eduardo Duhalde toma en serio el contexto de retorno al nacionalismo, concordante con los procesos ocurridos en Venezuela, Brasil y Ecuador como lo revela su posición, casi en soledad, de abstenerse en condenar a Cuba, cuando los argumentos en contrario podrían ser considerados abrumadores, si se quiere soslayar que las puniciones, más allá de condenas y fusilamientos que no logran adhesiones en ningún lado, son parte de la estrategia de Washington y no una cruzada leal por los derechos humanos.
La postura lo acerca al Duhalde de la intimidad, el que hubiera querido prescindir del FMI, pero pragmático y no líder antimonopolista, se decidió por un arreglo muy cuestionado. Todos los indicios privilegian en la decisión recrear la relación con Brasil (mantuvo tres charlas telefónicas con Lula) y no el beneficio electoral, pero ya se sabe que no hay nada mas lindo que combinar lo útil con lo agradable.
¿Le redituará votos a Néstor Kirchner, su ahijado electoral, quien a la vez pasó del desdén frente al tema a pronunciarse a favor de la abstención en Ginebra con los mismos argumentos que el Presidente, los más sensatos oídos con relación al asunto? Puede que si, puede que no. En el primer caso, la «víctima» sería Elisa Carrió, porque ella concentra parte del electorado progresista que por temor a Menem, vería menos traumática la decisión por el sureño, por aquello del mal menor. O por taponarle el paso a López Murphy, tan cerca en esta confusión de llegar a la segunda vuelta: ¿segundo o primero?: de esto se hablará esta semana.
Contradictoriamente, Carrió parece ir perdiendo votos de origen radical, a favor de su ex «correligionario» que fue ministro de Defensa y de Economía de Fernando de la Rúa. O para Kirchner, la cosa es frenarlo a Menem.
¿Cuál es el charme de López Murphy, hombre del desprestigiado gobierno de la Alianza, volteado por una amenaza de huelga universitaria cuando quiso ajustar el presupuesto de las altas casas de estudio? Una gran habilidad: no se exhibe nadie más que él que logró un discurso entrador, pero que oculta desde a su segundo, hombre de las derechas del interior, y, sobre todo, a sus asesores o potenciales ministros, reclutados en el thin thank del neoliberalismo. Frente a la agresión a Irak, se puso del lado de la ONU, pero hasta los niños de pecho conocen sus vínculos afectivos con los EEUU.
Si además es duro con los piqueteros a los que les promete «la ley», es decir judicializar la protesta y no a los militares como lo hace Menem y es anti-Cuba de corazón duro, ¿por qué no pocos progresistas le darán su voto? Hay una larga lista de intelectuales que salen a decir que es lo mejor que puede pasarle a los argentinos. No lo hacen por Carrió los que se proclaman más lúcidos; al contrario, algunos postulan la abstención.
Derechización, sí; derechización, no
Si hay derechización de sectores medios, ésta no cayó del cielo. Pueden ayudar los cortes de calles que se hacen casi a diario impulsado por las necesidades objetivas de los sin trabajo. Irrita ahora a muchos, lo que debería hacer reflexionar al heterogéneo espacio piquetero no hacerle el juego a nadie que pueda dañar sus intereses. Un sector de ellos, hace tiempo que protesta de manera menos dolorosa para los que deben transitar con urgencias, pero el llamado «grupo duro» supone que habrá una tercera vuelta, aparte de las electoral, que revivirá una especie de «argentinazo». Una lectura que puede ser letal
El peso del antiperonismo no sería ajeno al agrandamiento del candidato de Recrear así como la confusión, aunque la proclamación por todos lados de que se convierte en la gran esperanza blanca de las capas medias y el establishment, puede provocar realineamientos que lo frenen. Se verá solo el próximo domingo.
Por ahora dibujemos escenarios. Si López Murphy es primero y Menem segundo, o viceversa, es más fácil que el riojano gane la segunda vuelta y llegue a la Casa Rosada: pocos se imaginan al resto del voto peronista disperso entre Kirchner y Rodríguez Saá, sufraguen en el segundo turno por el ex ministro de De la Rúa. O a los progresistas, al menos una mayoría y sobre todo la izquierda hacerlos por cualquiera de los dos. Es en esta instancia cuando la abstención puede llegar a cifras sin precedentes y devolver al riojano a la Rosada.
En sectores allegados a Carrió creen que hay una gran operación de acción sicológica para disciplinar el voto a favor de los dos candidatos derechistas con posibilidades. Cerca de Kirchner piensan que los EEUU están detrás de esta maniobra a favor del balotaje Menem-López Murphy. Hay para otra especulación: encuestadores del gobierno generan clima de pánico para ayudar trepar a Kirchner.
Muy recoletamente, un sector del socialismo, partido que lleva su propio binomio, promueve el
voto a Carrió, a ver si consiguen hacerla trepar al árbol de la gloria. Mientras, contradictoriamente, gente que pensaba en la mujer prefieren al ex ministro de Defensa. ¿Por qué luego de encabezar la intención del voto se sostiene la caída de la legisladora? No por izquierdista, no lo es; se ha creado una visión que no puede contener a sus propios cuadros (hubo renuncias de importancia) y su posición antiaborto, la dañó, sin duda.
Por el propio discurso de Kirchner se puede colegir que ve que López Murphy podría llegar a desplazarlo, acaso no a él solo; hasta ahora, no se posaba en su obesa figura y últimamente le recuerda su faena de lobbista y cuadro del neoliberalismo. Recuerdos no gratos de su pasado, le reflota también Carrió.
Kirchner y Carrió, ¿víctimas?
Kirchner no consigue que gobernadores de provincias clave bajo control peronista, como Santa Fe y Córdoba, lo respalden. Los caudillos o se declaran «prescindentes» pero le dejan el camino libre a Menem o temen meter la pata; nadie está seguro de nada.
Kirchner no despunta todo lo necesario en la provincia de Buenos Aires que con el 35% de los electores es clave. Adelantó lo obvio pero políticamente significativo: que el actual ministro de Economía, Roberto Lavagna, seguirá en su cargo si gana las elecciones.
Apunta al continuismo de una política que es más cuestionada que amada, pero que en algunas franjas supone previsibilidad y no es mal vista en el exterior. El duhaldismo estima que arrima votos y que, al menos, evita que la CGT oficial, de buenas relaciones con el ministro, salga los últimos días a batallar por el riojano.
Sin embargo, en el sector agropecuario que jamás ha ganado como con la devaluación, hay malestar por el mantenimiento de las retenciones (que prometen derogar Menem, López Murphy o el siempre vigente Adolfo Rodríguez Saá). Y por otros diferendos de plata, agrietaron las relaciones del campo con el ministro, y puede ser escasamente atractivo para ellos votarlo a Kirchner.
Razones para las dudas
El voto del campo es un misterio, tanto porque no se mide científicamente, como por los humores frente a medidas económicas. Es visible que un sector de chacareros puede votar Carrió que se convirtió en bandera contra la venta de tierras al capital extranjero, reivindicación de la representativa Federación Agraria. Menem fue Atila para los modestos productores, pero los grandes, sacaron beneficios para tecnificarse con el uno a uno y es de esos tiempos el crecimiento productivo. Es, tal vez, por el alto componente radical-conservador en la población rural de la pampa húmeda, que el beneficiario pueda ser López Murphy o allí donde la Unión Cívica Radical recoja migajas que lo saque del grupo «otros» cuando se cuenten los votos.
Lavagna no vio bien el voto abstencionista en el caso cubano porque está seguro que provocará secuelas económicas negativas, no solamente de los EEUU sino de la Comunidad Europea. Es un razonamiento de una persona experimentada, pero son fuertes las cartas –que en su debilidad– tiene la Argentina.
Duhalde-Lavagna decidieron postergar para el futuro temas clave, como la renegociación de la deuda externa, las tarifas de los servicios públicos, quien paga –sí bancos o Estado: hay 8.000 millones de dólares en danza– la apertura del corralón (liberación de los plazos fijos atrapados por Domingo Cavallo cuando se venía el derrumbe de la convertibilidad) y ni que hablar de política productiva no declamada ni favorecida por la abrupta devaluación o el drama de la desocupación. ¿Ayuda a los intereses afectados un boicot de Washington?
Otrosí digo: Kirchner tiene como asesora de cabecera en Educación a Susana Decibe, que fue ministro de Menem, quien aplicó una reforma educativa que dañó la enseñanza al punto que es parte de los fracasos de miles de jóvenes para ingresar a la Universidad; ¿cómo puede atraer a padres y docentes con esta propuesta?
No es casual la disgregación del progresismo: cada uno, aporta lo suyo, y en esta confusión, lo que llegue puede ser más de lo mismo, agravado, abriendo tiempos imprevisibles. *
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