Un kilo de carne costaba antes 2.750; ahora 6.250 dinares

Se van los marines y entra el Ejército

Los marines desaparecieron virtualmente ayer al amanecer de las calles de la capital iraquí y fueron reemplazados por pequeños grupos de soldados de la tercera división de Infantería.

Además, miembros de la cuarta división ingresaron a Bagdad para sumarse a las tareas de prevención, mientras la 101a. división aerotransportada fue mantenida en el aeropuerto internacional.

«Sustituimos a los marines a las 3 locales y buscamos ahora controlar las zonas que ellos ocupaban», dijo el sargento Nicholas King.

Alrededor de los hoteles Palestine y Sheraton, donde los marines habían instalado su cuartel general, la tercera división de Infantería colocó un tanque en cada esquina, mientras centenares de iraquíes protestaban contra la ocupación estadounidense. «Váyanse sin tocar nuestro petróleo», gritaba un manifestante delante de las tropas.

Los militares prometieron que se dedicarán a mejorar los servicios de Bagdad para intentar calmar las voces de protesta.

Diez días después de la caída del régimen de Saddam, los esfuerzos de los estadounidenses por normalizar la situación están retrasados y lejos de dar resultados concretos.

Policías en uniforme retornaron a las calles de Bagdad para asegurar una circulación regular del tránsito.

Los agentes están abocados también a la recuperación de automóviles robados durante los saqueos que siguieron el 9 de abril pasado a la caída del régimen de Saddam Hussein.

En medio de una gran confusión, ayer se presentó un ex general, Jhdah Kadim Al Ubeidi, que dijo ser el jefe de la seguridad de Bagdad, quien en una conferencia de prensa reclamó la formación de un nuevo ejército que pueda contribuir al retorno a la «legalidad».

«Exhorto a los oficiales y suboficiales a venir conmigo para que sean enrolados en el nuevo ejército. Todos son bienvenidos», dijo el ex general, quien fue insultado por varias personas que lo acusaban de estar al mismo tiempo «con los norteamericanos y con Saddam Hussein».

Ubeidi les aclaró: «Soy recibido en la Academia Militar. Trabajé en Inteligencia y después en 1996 intenté un golpe de Estado que fracasó, por lo que debí escapar hacia el norte del país».

«No quiero otra dictadura ni aplausos; sólo servir a mi pueblo», afirmó.

También en la Facultad de Arte de la Universidad, docentes, intelectuales y periodistas iraquíes mantuvieron una reunión para intentar lanzar una «prensa libre».

El ambiente no era el ideal. El edificio de la facultad fue saqueado y luego incendiado tras la llegada de los estadounidenses. Por eso los convocados sólo acordaron en una frase: «Que los estadounidenses se vayan rápido».

«Se habló de Saddam, de los estadounidenses, de los daños de la guerra, pero no sé qué cosa se debe hacer para retornar al trabajo», comentó Bashar Abed Al Jabar, periodista del diario Al Jomhuiriya, uno de los órganos del régimen de Hussein.

«Debo trabajar, debo llevar dinero a mi casa. Mi padre murió en la guerra de Kuwait y mi madre está enferma. Algun día debemos comprar comida», dijo.

Tras la devastación de los bombardeos contra varios puntos de la ciudad, Bagdad sólo presentaba en las últimas horas algunas verdulerías abiertas.

Los clientes se quejan porque los comerciantes subieron los precios.

Un kilogramo de patatas antes de la guerra costaba 500 dinares, y ahora subió a 1.500. Un kilogramo de carne de carnero costaba antes 2.750; ahora 6.250. El precio del pan es el único que no aumentó.

También comenzaron a abrir algunas estaciones de gasolina, lo que permitió retornar a las calles a algunos autobuses y automóviles particulares. *

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