Los iraquíes continúan obsesionados con Saddam
«Atención, no hay que creer a los norteamericanos, Saddam puede volver en cualquier momento», dijo ayer viernes un habitante de Aadamieh a la decena de personas que se agolpan en torno a los periodistas
Estas declaraciones caen como un balde de agua fría sobre las personas. Las miradas muestran preocupación y el silencio se instala.
Los sobrevivientes del Irak de Saddam Hussein, durante mucho tiempo dominados por el miedo y la delación, tienen problemas para deshacerse de la sombra del hombre que marcó sus vidas con tanta fuerza.
«A los cuarenta años, hice nueve años de servicio militar obligatorio. ¡Ustedes llaman vida a eso!», afirma otro habitante del barrio mostrando su libreta militar y que, en un viejo acto reflejo, se niega a dar a conocer su identidad. «En el fondo conservas el miedo de antes», dice Said Abdel Aziz, un desocupado que participa en la conversación. Y como las lenguas empiezan a soltarse, cuenta los días negros del Irak de Saddam Hussein.
«Todo el mundo podía desaparecer en cualquier momento de su casa y su familia no tenía derecho a plantear ninguna pregunta», explica.
Saddam Hussein, que dejó una pesada huella arquitectónica en la ciudad, todavía se impone a los transeúntes en la calle. Decenas de retratos gigantes se salvaron de la locura que se había apoderado de la ciudad el miércoles pasado, cuando ingresaron las fuerzas norteamericanas.
Algunas de esas estatuas gigantes resistieron a la multitud que intentó en vano destruirlas. Una de ellas, atravesada por un obús norteamericano, todavía alza triunfal su brazo.
Y el ex hombre fuerte del régimen todavía tiene adeptos en el Bagdad bajo control norteamericano. Como Abde Salam Labidi, un peluquero de 40 años, que pasó nueve como prisionero en los campos iraníes.
«Era un dirigente auténtico y un héroe árabe. Lo digo y lo repito en voz alta», grita ante la consternación de las personas presentes.
«Durante mi detención en Irán, me di cuenta que Saddam Hussein no sólo trabajó para el bien de Irak sino para el de todos los árabes», continúa el peluquero sin que nadie replique.
«Comparado con los desórdenes y los saqueos actuales, nuestra situación era mejor con Saddam Hussein», opina por su parte Leith Ghazi que, pese a un diploma universitario, trabaja como pintor. *
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