¿El futuro presidente podrá gobernar?
La tarea será difícil por la debilidad de las instituciones políticas y las divisiones dentro del gobernante peronismo, del cual provienen tres de los principales candidatos: Néstor Kirchner, el ex mandatario Carlos Menem (1989-1999) y Adolfo Rodríguez Saá.
Les siguen en las encuestas, los ex radicales Elisa Carrió, diputada de Afirmación para una República Igualitaria (ARI), y el ex ministro de Economía Ricardo López Murphy, que fundó el movimiento «Recrear Argentina» (centro-derecha).
La Unión Cívica Radical (UCR), con la candidatura del diputado Leopoldo Moreau, intenta sobrevivir, tras el colapso sufrido por la caída del mandatario Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.
Argentina «necesita un acuerdo político grande, importante», señaló Héctor Schamis, analista argentino del centro de análisis Woodrow Wilson, en una charla realizada en el Diálogo Interamericano.
«La democracia no se construye a través de elecciones. Esa es la parte final. La democracia se construye antes», logrando consensos políticos para poder gobernar, estimó.
«La cantidad de candidatos presidenciales –casi una docena– y su falta de propuestas claras es preocupante. Las elecciones no resuelven por sí mismas los problemas económicos», coincidió Mark Falcoff, del American Enterprise Institute (AEI).
Las elecciones legislativas del 14 de setiembre dificultarán la tarea. Varios expertos temen que el país siga varios meses en campaña electoral en vez de concentrarse en gobernar.
«Todos los candidatos tienen serias fallas. Ninguno impresiona particularmente», estimó Peter Hakim, presidente del centro de estudios Diálogo Interamericano.
En Washington «existe cierta preocupación de que hayan discrepancias sobre los resultados. Cuando las elecciones son muy peleadas, siempre habrá personas que critiquen la legitimidad de las elecciones», dijo a la AFP Miguel Díaz, director para Sudamérica del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
El designado embajador estadounidense en Buenos Aires, Lino Gutiérrez, mencionó esta posibilidad a comienzos de abril, provocando la protesta de varios ministros argentinos.
Las relaciones entre Washington y Buenos Aires no se encuentran en su mejor momento. Las denominadas «relaciones carnales» que existieron durante el gobierno de Menem han sido reemplazadas por la oposición argentina a la guerra en Irak y el rechazo a condenar a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra.
«Gane quien gane, el gobierno de George W. Bush sólo tiene una alternativa: fomentar la construcción de un mercado verdaderamente libre, el Estado de Derecho e instituciones más fuertes», indicó a la AFP Steve Johnson, experto en la región de la Heritage Foundation.
El ex ministro de Economía José Luis Machinea, que actualmente trabaja en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lamentó la falta de una reforma política.
«Durante 70 años, Argentina tuvo un sistema político de dos partidos. Ahora colapsó un partido (la UCR), y los peronistas están divididos porque están seguros que van a ganar», afirmó, quejándose de que en su país no exista una izquierda ni una derecha fuerte.
El embajador ante la Casa Blanca, Eduardo Amadeo, sostuvo que uno de los principales desafíos será reforzar las instituciones, mantener el Estado de Derecho, respetar los contratos y llevar a cabo una reforma tributaria.
Pero advirtió que «no hay espacio para más ajustes» y que elevar el superávit fiscal primario (sin intereses de la deuda) del actual 2,5% del PIB a 5% del PIB, como algunos afirman que será necesario, es una «locura». *
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