Crisis nuclear: diálogo tripartito entre Corea del Norte, EEUU y China

La crisis nuclear entre Corea del Norte y Estados Unidos se encaminó ayer hacia una negociación, después de seis meses de creciente tensión, con el acuerdo para un diálogo de a tres que comenzará la semana próxima en Pekín, y en el que también participará China.

Lo anunció ayer el gobierno surcoreano, confirmando las esperanzas de un giro en la situación alimentadas hace cuatro días por una apertura del gobierno norcoreano: Pyongyang se había dicho dispuesto a aceptar la hipótesis de una negociación multilateral presentada hace tiempo por Estados Unidos como «única vía realista y eficaz» para resolver la crisis.

«Finalmente las cosas se están moviendo de prisa y Corea del Sur tiene más interés en la sustancia de la cuestión y su rápida solución que en las fórmulas», dijeron fuentes oficiosas del gobierno de Seúl, precisando que el coloquio de a tres es una solución aceptable de compromiso, al menos en la fase inicial.

«Lo importante es que Pyongyang y Washington comiencen a hablarse», agregaron.

Al encuentro de la próximo semana en Pekín, le seguirá pronto otra reunión ampliada que contará con la participación de Corea del Sur y Japón, dijo el Departamento de Estado confirmando que encabezará la delegación en Pekín el subsecretario James Kelly.

La inclusión de Seúl y Tokio en las conversaciones «será esencial para obtener resultados de sustancia», dijo el portavoz Philip Reeker agregando que el objetivo del encuentro en Pekín sigue siendo cómo proceder al desmantelamiento «verificable e irreversible» de la capacidad norcoreana para producir armas nucleares.

Los problemas estallaron el pasado octubre, con las revelaciones norteamericanas sobre un programa secreto de Corea del Norte con uranio enriquecido para equiparse con bombas atómicas. Se agravaron en enero, con el retiro norcoreano del Tratado de No Proliferación Nuclear y la reactivación a fines de febrero del reactor nuclear experimental de Yongbyong, punto de partida de un proceso para la producción de plutonio. Luego, la crisis empeoró por la insistencia del régimen norcoreano en el pedido de un diálogo directo con Estados Unidos.

El más satisfecho con el giro de la situación es el gobierno del presidente surcoreano Roh Moo Hyung, firme partidario de una conclusión de la situación por vías diplomáticas, con una clara negativa a cualquier sugerencia de recurso a la intervención militar, que asomó más de una vez en ambientes del gobierno de George W. Bush.

China, a su vez, aprovechó la influencia decisiva que mantiene sobre Pyongyang para convencer al enigmático e imprevisible líder norcoreano Kim Jong Il de mostrar mayor flexibilidad.

«Mirándolo bien, el comienzo de la negociación multilateral con la fórmula de a tres es más que natural, en vista de que Corea del Norte, Estados Unidos y China son los garantes del armisticio aún en curso que puso fin a la guerra de Corea en 1953″, dijeron fuentes bien informadas en Tokio.

«Pero esto también demuestra que el camino para llegar a la solución definitiva de la cuestión nuclear es larga, y toda en subida. Se parte de una situación de falta de paz y de profunda desconfianza recíproca: no se puede excluir nada a priori, ni siquiera una ruptura traumática de la negociación», agregaron.

Otro de los excluidos del comienzo de la negociación de a tres, Japón, puso al mal tiempo buena cara. «Por ahora está bien así», dijo el premier Junichiro Koizumi.

Pero fuentes del ministerio de Exteriores insistieron en recordar que Tokio, Seúl y Moscú mantuvieron estrechos contactos con Washington y Pekín para mantener un frente unido en la crisis nuclear, dando a entender que tarde o temprano las negociaciones deberán ampliarse.

Mientras tanto,ayer en Ginebra la Comisión para los Derechos humanos de la ONU aprobó una resolución presentada por la Unión Europea en la que se denuncian las «violaciones sistemáticas, graves y repetidas de los derechos humanos en Corea del Norte».

Corea del Sur, que tenía un representante en el recinto, no votó. En el texto se condenan «las restricciones severas y omnipresentes a la libertad de pensamiento, religión, opinión, expresión, reunión y asociación, al acceso de los ciudadanos a la información y la limitaciones impuestas a quien quiere trasladarse libremente por el país o viajar al exterior».

La resolución, finalmente, pide que los movimientos de defensa de los derechos humanos «tengan un acceso libre» al país. *

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