Homilía del Papa en vísperas de Pascua

"Jesús sufrió igual que las víctimas de la guerra"

El pontífice dijo ayer que «la pasión de Cristo perdura en los dramáticos acontecimientos» que azotan al mundo, en una nueva referencia a la situación en Irak que ensombrece el inicio de los ritos de la Semana Santa.

El Papa pronunció, sin embargo, palabras de esperanza al afirmar que «la victoria definitiva es de Cristo», punto de partida para construir «un futuro de auténtica paz, justicia y solidaridad».

«El misterio de la cruz y de la resurrección nos aseguran que el odio, la violencia, la sangre y la muerte no tienen la última palabra en el acontecer humano», subrayó Juan Pablo II.

El Papa se prepara, de este modo, para celebrar una Semana Santa particular que ofrece como telón de fondo sus graves preocupaciones por los hechos registrados en Irak y por la crisis humanitaria que dejó la guerra en ese país.

Juan Pablo II, que cumplirá 83 años en mayo, se dispone a iniciar las celebraciones con las que culmina la cuaresma con recobradas fuerzas, aunque prácticamente ya no puede caminar y se desplaza en una modernísima silla de ruedas, especialmente diseñada para él.

En las últimas semanas la voz y la dicción del Pontífice recuperaron claridad, gracias a un tratamiento de foniatría que compensa la resignación con la que finalmente aceptó el sillón de ruedas.

Gracias al ingenioso mecanismo de la silla realizada por los artesanos del Vaticano, que le permite levantarse hasta el nivel del altar, Juan Pablo II podrá celebrar la misa de Pascua y dar la bendición «Urbi et Orbi» a la ciudad y al mundo.

El Pontífice, que hizo una pausa de nueve meses en sus peregrinajes por el mundo, confirmó la semana pasada que entre mayo y agosto viajará a España, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Mongolia. Incansable en su misión pastoral y protagonista en los últimos meses de una actividad diplomática sin precedentes para evitar la guerra en Irak, Juan Pablo II anunció que mañana firmará una nueva encíclica sobre la eucaristía, la decimocuarta de su pontificado.

El Papa considera la eucaristía, el sacramento instituido por Jesús en la última Cena, como el «misterio central de la fe y la vida cristiana».

En su nueva encíclica reafirmará la doctrina según la cual el pan y el vino se transforman realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo y que no se trata de una transformación «simbólica» como afirman algunos teólogos.

Por lo tanto, la encíclica será un tema de reflexión no sólo para los fieles católicos sino también para los sacerdotes y teólogos y retomará en forma actualizada los argumentos en defensa de la eucaristía redactados por el Concilio de Trento (1545-1563) en respuesta a los ataques de Calvino y Lutero.

La redacción de esta nueva encíclica, en la que colaboró el cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto para la Doctrina de la Fe, será una respuesta a la difundida «desacralización» de la eucaristía, según los mismos ámbitos.

El Vaticano se propone combatir de esta manera algunos «excesos» como la distribución de la comunión de parte de sacerdotes no ordenados -las mujeres sacerdote en Austria- las penitencias colectivas en lugar de la confesión y la modificación de algunas palabras en el momento de la consagración de la ostia. *

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