Iraquíes quieren volver al trabajo
La normalización se va imponiendo en un Bagdad con heridas de guerra manifiestas, entre las que destacan los edificios públicos bombardeados o incendiados que siguen desprendiendo humo.
Se forman atascos, los comercios abren tímidamente sus puertas y se improvisan mercados de productos frescos en las aceras de diferentes barrios de la ciudad.
Pero la capital de unos 5 millones de habitantes sigue necesitando electricidad y agua potable para revivir.
«La prioridad entre las prioridades es la electricidad», aseguró a la AFP un ingeniero de la compañía de distribución de la corriente eléctrica, Ossama Zubeidi, que se desplazó al hotel Palestina para anotarse en una oficina, abierta conjuntamente con los marines estadounidenses, con el objetivo de reincorporarse al trabajo.
Zubeidi, uno de los 200.000 empleados de la compañía del Estado y uno de sus 50.000 trabajadores en la capital, quiere volver al trabajo porque constató «una clara mejora de la situación en el ámbito de la seguridad».
Su colega Ibrahim Saidi, un ingeniero de obras, piensa que basta con reparar las líneas de alta tensión para garantizar un restablecimiento del suministro eléctrico en la mayor parte de la capital.
En efecto, la principal central térmica de Al Dura, en el sudoeste de Bagdad, no fue alcanzada por los bombardeos estadounidenses, aseguraron los dos técnicos durante una visita en los alrededores de la central que exhibe sus chimeneas intactas.
La distribución de agua potable se reanudó en algunos barrios de la capital, como el de Al Mansur, en el centro, o el de Saydia, más al sur, donde el agua corre por los grifos varias horas al día, indicaron algunos habitantes.
El anunciado restablecimiento de la electricidad mejorará la situación porque las centrales de distribución podrán bombear más agua.
En cuanto a la policía, el número de candidatos para reincorporarse al servicio se fue incrementando con el paso de los días. «Eran 100 el domingo, 400 el lunes y el número no para de aumentar», declaró el teniente Abdel Wahed Rifai, uno de los primeros que se sumaron a la nueva policía iraquí.
Diez patrullas mixtas, con marines, recorren las calles desde el martes y ya son 19, señaló este ex instructor de la academia de policía.
Pero es consciente de la dificultad de la tarea y recuerda que los policías, desarmados, carecen de medios para luchar contra los saqueadores y ladrones debido a la falta de magistrados y de centros de detención. Además queda pendiente por resolver un último detalle vital para que la dinámica del trabajo se reinstale en la capital: cuál será el salario. *
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