Eduardo Duhalde: "La Argentina no va a condenar a Cuba"
Dada la importancia del cambio en la postura del gobierno argentino, fue el propio presidente Eduardo Duhalde quien la explicó: «Considero (la votación) inoportuna en momentos en que por decisiones unilaterales (la invasión norteamericana a Irak) se dañan a las Naciones Unidas».
El presidente señaló que «Argentina no va a condenar a Cuba, un pequeño país bloqueado». «Lo consideramos inoportuno, considerando esta guerra unilateral (Irak) violatoria de los derechos humanos», dijo.
Según señaló, la decisión fue tomada conjuntamente con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, con quien Duhalde reveló haberse comunicado por dos veces en los últimos días.
Duhalde explicó que al abstenerse en Ginebra, no sólo se retorna a la postura tradicional en la materia, sino que refuerza la alianza estratégica con Brasil.
De todas maneras, Duhalde fue crítico de las condenas conocidas en La Habana, tanto contra disidentes como con los secuestradores de embarcaciones, algunos de ellos, con pena de muerte en juicios sumarísimos. Reveló que esos casos lo hicieron dudar en algún momento, pero no modificar su decisión.
Horas antes el embajador de Cuba, Alejandro González Galiano, aquí explicó a la prensa las motivaciones que llevan a su país a adoptar medidas en contra de acciones de desestabilización en un momento internacional de agresividad de los EE.UU.
El presidente reconoció que el embajador cubano lo visitó dos veces los últimos días, pero para informarle sobre los juicios ocurridos en la isla «que es lo que difundió ayer (por el lunes) a los periodistas».
Mayoría, de acuerdo
Duhalde recibió presiones por parte de José María Aznar, según relatos de prensa, durante su reciente estancia en Madrid, para que sumara un voto condenatorio para una resolución incluso más dura que la elaborada por Uruguay y Perú. Pero el presidente trató de disimular la existencia de ese pedido, así como aceptar que vayan a sucederse represalias por parte de Washington. «El embajador (norteamericano) ya sabía de mi posición hace semanas», indicó.
Desmintió que el canciller Carlos Ruckauf haya militado como se escribió en todos lados a favor de una moción condenatoria y que por el contrario trabajó con su colega brasileño en la redacción del documento conjunto a favor de la abstención que según se desprende por lo dichos de Duhalde incluirá críticas a los procesos judiciales en La Habana.
El presidente señaló que la mayoría del pueblo argentino y de los candidatos, eran contrarios a sancionar a Cuba. Eso es correcto respecto a los peronistas Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá, así como de la líder del ARI, Elisa Carrió, el radical Leopoldo Moreau o la candidata de Izquierda Unida, Patricia Walsh o del Partido Obrero, Jorge Altamira.
Pero Carlos Menem, quien viró el tradicional voto neutral de Argentina a la condena a Cuba a pedido de los EEUU, y Ricardo López Murphy, que fue ministro de Defensa de Fernando de la Rúa, tienen una postura anticubana; si bien no se habían pronunciado al respecto, su posición no es misteriosa.
Es interesante el papel que jugó en este proceso tanto el ex presidente Raúl Alfonsín como el diputado justicialista, Jorge Obeid, quienes hicieron llegar criterios a favor de la abstención desde semanas atrás. La decisión fue para muchos sorpresiva: se especuló mucho con el peso de las decisiones de tribunales y el gobierno cubano de amplia resonancia, y el malestar que las condenas, sobre todo las de muerte, generaron en la prensa local.
¿Por qué Duhalde decidió la abstención? Sin duda que la alianza estratégica con Brasil ha tenido un fuerte peso. Es razonable pensar que pensó, y en cierto modo lo expresó, que votar contra La Habana era munir de una nueva herramienta a la política internacional de los EEUU justo cuando ésta padece el repudio generalizado en el mundo y dentro del país, y amenaza a otros Estados, asunto que no pasó desapercibido en el anuncio presidencial.
Significativamente Duhalde calificó a Cuba como un país pequeño sometido a un embargo unilateral y al añadir a su postura, una crítica nada convencional a los juicios sumarísimos, aceptó la postura de muchos argentinos que esa sería una manera de incidir positivamente sobre los aspectos criticables del gobierno de Fidel Castro.
El diario Página 12 había escrito en la mañana de ayer que «oponerse a la pena de muerte o aun romper lanzas con el apoyo al régimen cubano (como hizo el escritor José Saramago) no tiene por qué equivaler a ser idiota útil (o mejor dicho cómplice) de los designios del actual gobierno de EEUU. Designios patentes que nadie medianamente avispado puede dejar de advertir, toda vez que se expresan en todo el mapa del planeta a los gritos y a los tiros».
Pero subrayó que «lo que se discute, si bien se mira, no es la condición de los derechos humanos en Cuba. Lo que hay en juego no es un juicio imparcial por un tribunal internacional confiable sino un pronunciamiento político, una votación entre Estados».
O si se quiere, una manera de reaccionar frente a la prepotencia norteamericana. *
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