Bush, asesino de periodistas
El título pertenece a la Jornada de México, y lo fundamenta en reciente editorial. Por su parte, el canal de televisión francesa France 3 filmó, el 8 de abril, el ataque de un tanque norteamericano contra el hotel Palestina de Bagdad que albergaba a los periodistas, y Hervé de Ploeg, editor del filme, demostró que se trató de «una agresión pensada, dirigida y calculada por el alto mando militar estadounidense». En el ataque murieron José Couso, camarógrafo de la televisión española Telecinco, el ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia británica Reuters, y Tarek Ayub, de la televisión qatarí Al Jazeera. Otros cuatro resultaron heridos. El día anterior mataron a los reporteros: Julio Anguita Parrado, del diario español El Mundo, y Christian Liebig, del semanario alemán Focus. Organizaciones de periodistas acusaron a EEUU de «no querer testigos» de sus crímenes, y Amnistía Internacional se sumó a la denuncia.
El hotel Palestina bajo fuego
Hervé de Ploeg desmintió que desde el hotel se hubiera disparado contra el tanque norteamericano, pretexto aducido por el mando yanki para justificar la matanza. Declaró: «Yo no oí ningún disparo en dirección al tanque, que estaba estacionado en la entrada oeste del puente Al-Jumhuriya, 600 metros al oeste del hotel. Abrieron fuego por una orden ya elaborada».
La periodista Caroline Sinz, del mismo canal francés, precisó que tenían posicionadas dos cámaras en dos habitaciones diferentes que miraban hacia el puente y el tanque en el momento en que dispararon. La grabación muestra que la torre del tanque estadounidense se movió hacia el hotel Palestina –donde se hallaban los periodistas– el cañón apuntó y transcurrieron dos minutos antes del disparo mortífero.
Al Jazeera denunció que sus sedes en Bagdad fueron atacadas en forma premeditada. Lo mismo aconteció con las de Abu Dhabi TV. Reuters señaló que las tropas estadounidenses que dispararon al hotel Palestina «sabían que era donde estaba la prensa extranjera», refutando las excusas del mando central de Doha, Qatar, en el sentido de que «los periodistas nunca son objetivo militar de la coalición». La Federación Internacional de Periodistas (FIP) calificó el incidente de «crímenes de guerra que deben ser castigados».
Terrorismo contra la verdad
Tras enumerar esta serie de ataques, La Jornada escribe en su editorial del 9 de abril: «Tales atentados, que merecen plenamente el calificativo de terroristas, no constituyen hechos aislados, sino pasos decisivos en el plan del gobierno de George W. Bush para silenciar cualquier versión informativa que no se ajuste a su propaganda oficial, la que los comandantes militares proporcionan a los periodistas que viajan incrustados entre las tropas agresoras: ocultar al mundo las atrocidades que perpetra en tierras iraquíes y ahuyentar a los informadores internacionales que permanecen en la arrasada capital.
Ese designio de escamotear la verdad se inscribe, a su vez, en una estrategia mediática de corte totalitario e incluso fascista que viene gestándose desde hace más de una década».
En la primera guerra del Golfo, en 1991, Bush padre prohibió el ingreso de periodistas al campo de batalla y se permitió sólo la divulgación de asépticas imágenes de computadora que no mostraban por cierto a los soldados iraquíes aplastados por los tanques en el desierto y los cuadros de muerte y destrucción. Después el 11 de setiembre de 2001, las cadenas informativas aceptaron, en actitud abyecta, ser uncidas al carro del discurso oficial y se convirtieron en meras repetidoras de sus grandes mentiras, de los presuntos vínculos de Saddam con Al Qaeda a sus armas de exterminio en masa. Los periodistas incrustados constituyen la versión sublimada de esta degradación. Simultáneamente, los mandos militares en campaña declararon también la guerra a los periodistas independientes que ejercen con dignidad su profesión.
Crímenes en cadena
El 22 de marzo las tropas invasoras mataron alrededor de Basora al periodista inglés Terry Lloyd, cuyo camarógrafo e intérprete siguen desaparecidos. El 6 de abril un avión estadounidense atacó un convoy «amigo» y dio muerte a 18 personas, incluyendo al intérprete de un corresponsal de la BBC. A fines de marzo los militares secuestraron durante 48 horas a un grupo de corresponsales independientes israelíes y portugueses y los acusaron de ser espías del gobierno de Bagdad, siendo liberados tras la enérgica denuncia de Reporteros sin Fronteras.
Después sobrevinieron las muertes de Anguita y Liebig, y los ataques al hotel Palestina, con su saldo de muertos y heridos. Además, la aviación angloyanki destruyó las instalaciones de Al Jazeera y de Abu Dhabi TV, dejando un periodista muerto y otro herido. La primera recordó que las tropas yankis ya habían bombardeado sus oficinas en Kabul, Afganistán; y la segunda, que había informado al Pentágono de la exacta ubicación de sus instalaciones, las que ostentaban en el techo el logotipo del canal.
Cinismo sin máscara
Medios de comunicación árabes acusan a EEUU de «eliminar periodistas por ser testigos molestos de las masacres». En las manifestaciones hay carteles que dicen: «Stop the war against journalists» (Paren la guerra contra los periodistas). Las justificaciones del Pentágono se comentan solas. Una de sus portavoces, Victoria Clarke, adujo que «en la guerra nadie está seguro» y que la culpa la tenían los medios por enviar a los corresponsales.
El general Stanley McChrystal dijo que las acciones contra los periodistas eran de «autodefensa». Otro de la serie, Bryan Whitman, responsabilizó al régimen iraquí por «poner a los civiles en riesgo». Después el Pentágono declaró que se sentía «entristecido» por la muerte de los periodistas. Ahora frente al hotel Palestina están instalados los marines USA. *
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