El Baas en Siria y en Irak

El partido Baas, fundado en Damasco, en 1947, llegó al poder en Siria en 1963 y cinco años después en Irak.

A pesar de que la doctrina del movimiento considera que los distintos países árabes son entidades que algún día deberán fundirse «en un solo Estado árabe», las alas iraquí y siria del Baas están profundamente divididas, sobre todo porque sus dos dirigentes, respectivamente Saddam Hussein y Hafez El Assad, fueron rivales feroces.

El partido de la resurrección árabe nació en Siria por iniciativa de un pequeño grupo de intelectuales nacionalistas liderados por Michel Aflaq, un cristiano ortodoxo, y Salah Eddin Al Bitar, musulmán sunnita.

El objetivo del Baas es crear una gran nación árabe unificada, libre, democrática y próspera.

EL Islam es respetado pero la identificación entre arabismo e Islam es rechazada, y no podría ser de otro modo dado que Aflaq era cristiano.

El Baas niega el ateísmo, pero se enorgullece de ser laico y apunta a ser un partido espiritualmente abierto.

Participa activamente en las cuestiones políticas sirias e iraquíes desde fines de los años cincuenta y en 1958 llegó a presionar para la fusión entre Siria y Egipto, aunque cuando se concretó, buscó el fracaso de la alianza.

En 1963, el partido estuvo en el gobierno en Bagdad unos meses durante los cuales se desencadenó el terror contra todos los opositores, empezando por los comunistas.

Matanzas terribles fueron realizadas por los activistas del partido liderados por Ali Salih Al Sadi y luego un golpe de estado llevó al poder al general Abd El Karim Kassem.

El Baas primero colaboró con él, pero poco después se produjo un cambio y el resultado fue que Kassem propició una matanza de integrantes del Baas.

Saddam Hussein, entonces un joven miembro del Baas, intentó inútilmente vengarse de él.

Fue detenido en 1964 pero se escapó de la cárcel dos años más tarde para preparar un golpe que, en julio de 1968, llevó nuevamente al Baas al poder.

Paralelamente, se abrió camino en siria Hafez El Assad: nombrado comandante en jefe de la aviación en 1965, fue ministro de Defensa después del golpe que, en 1966, derrotó al general Amin Hafez y llegó al poder con otro golpe en noviembre de 1970.

En Irak, Saddam fue secretario general adjunto del Comando general del Baas y tres más tarde vicepresidente de la república, segundo sólo de Hassan El Bakr.

En 1969, es ya el hombre fuerte de Irak y es entonces cuando instaura un gobierno policial que desencadena la represión de los kurdos que reclamaban su autonomía.

En julio de 1979 Saddam obliga a renunciar al presidente El Bakr y asume plenos poderes, después de detener a miles de chiítas y además promueve la guerra contra Irán pero se equivoca en los cálculos y la guerra que debería haber sido relámpago duró ocho años, produjo la muerte de 200 mil personas y una deuda de 70 mil millones de dólares.

Entretanto, en Siria, Assad consolida su poder haciéndose elegir presidente en 1971, cargo en el que será reconfirmado en 1978, en el ’86 y en el ’91.

Assad gobernó con puño de hierro en lo interno y en lo externo nunca accedió a negociar con Israel a quien no le perdona la conquista de las Alturas del Golán en 1967.

Aunque es laico, Assad hospeda en Siria a grupos antiisraelíes radicales palestinos y terminó en la lista negra de Estados Unidos que lo considera un apoyo del terrorismo.

Siria fue rehabilitada por Estados Unidos por haber participado en la coalición antiiraquí de 1990-91.

Hafez El Assad murió el 10 de junio de 2000 y le sucedió su hijo Bashar.

Ahora que los vientos de la guerra vuelven a soplar sobre la región, el cuadro ha cambiado.

En 1990, las relaciones entre Damasco y Bagdad eran nulas, pero en los últimos 12 años los dos países iniciaron un progresivo acercamiento y, en la Segunda Guerra del Golfo, Siria se opuso a la invasión de Irak por lo que los «halcones» de Washington apuntan nuevamente a ella. *

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