Los yanquis quieren todo el petróleo de Irak
Un procónsul yanki, el general Jay Garner, gobernará Irak. En Afganistán pusieron en el poder a un incondicional suyo (Karzai) y en Irak a un militar yanki que elogia la política de Israel contra los palestinos. Ese es el primer resultado de la invasión. El segundo es que el gobierno de Bush realiza una maniobra de pinzas para que toda o la mayor parte del petróleo iraquí pase a manos de las petroleras yankis, que ya han sido beneficiadas, a dedo, con fabulosos contratos. Mientras las tropas de ocupación dejaban vía libre a los saqueos y depredaciones a que se vio sometida Bagdad (e incluso los alentaban), el único edificio protegido era el monumental Ministerio del Petróleo, vigilado por un impresionante dispositivo de tanques y centenares de soldados frente a los cuales expresaban su ira los iraquíes. Pero hay más.
La Shell en acción
Hemos visto (no en los canales estadounidenses, por supuesto, que son voceros del Pentágono) a varios bagdadíes protestando contra los ocupantes con expresiones de este tenor; «Los tanques rompieron la puerta del banco Rafidain, de los ministerios e instan a la gente a entrar y robar todo. Hicieron lo mismo en la sede del partido Baas. Yo lo vi». Los soldados están contribuyendo al caos «porque quieren poner en el poder al presidente que ellos quieren y destruir todo con el fin de traer a sus propias empresas para que vuelvan a poner en pie al país. Destrozaron nuestro país, que es una civilización antigua, no como Estados Unidos, que no tiene historia. ¿Por qué vigilan sólo el Ministerio del Petróleo y dejan que nuestras universidades, escuelas y museos sean destruidos? ¿Era necesario bombardear también la televisión y la empresa de electricidad? EEUU no está diciendo la verdad». Otros manifestaban que la prometida ayuda humanitaria no aparecía por ninguna parte.
Sobre la cuestión petrolera, toma la palabra directamente el Pentágono. Expertos del Pentágono estiman entre uno y tres meses el plazo para que se reactive la industria petrolera iraquí y se vuelva a exportar crudo, y una inversión de 6 mil millones de dólares para alcanzar el nivel de producción de 1998. Lo mismo dice la consultora Petroleum Finance. Para esa tarea, siempre según el Pentágono, nadie mejor Philip Caroll, ex administrador delegado de Shell Oil, brazo norteamericano del grupo Royal Dutch/Shell (y una de las causantes de la guerra del Chaco, acotamos nosotros).
A esto se agregan los contratos por 7 mil millones de dólares ya entregados por el gobierno norteamericano (como resultado de negociaciones secretas, dice un cable de ANSA) a Halliburton, la compañía petrolera de la que fue titular el vicepresidente Dick Cheney, y a su filial Kellog, Brown & Root, para apagar incendios y limpiar los pozos petroleros (véase nuestra nota del domingo).
La expulsión de los kurdos del norte
En la aún convulsionada zona del norte, y particularmente en la rica región petrolífera, las tropas yankis mediante un golpe de mano desalojaron a los kurdos y se quedaron con el control militar de todo el territorio.
Como se sabe, los kurdos habían penetrado en Kirkuk, que consideran la futura capital de un Kurdistán independiente (que agruparía a los residentes en Irak, Turquía, Irán, Siria y Armenia), proyecto rechazado de plano por el gobierno turco. El sábado, soldados de la 173ª división aerotransportada estadounidense expulsaron a los combatientes kurdos que estaban de facción en la sede de gobierno de la ciudad y ocuparon su lugar. El comandante militar de la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK), general Mam Rostam, dijo que los combatientes se retiraron. En cuanto a Mosul, la otra ciudad importante del norte, había una situación de tensa lucha entre los kurdos y los árabes, con muertos y heridos, y los cables señalan que «las tropas estadounidenses eran mal recibidas». Pero tienen bajo control todos los pozos petrolíferos, primera tarea cumplida por los destacamentos yankis aerotransportados a la región.
Las armas de destrucción masiva
EEUU declaró oficialmente que su objetivo era derrocar a Saddam Hussein (luego le agregó la caza al hombre de los integrantes de su gobierno) y la eliminación de las armas de destrucción masiva. Estas no aparecieron por ningún lado, los inspectores no las encontraron (por eso EEUU y Gran Bretaña eliminaron a los inspectores) y tampoco fueron utilizadas en ningún momento durante las tres semanas de guerra. Ahora, según reveló el sábado el londinense The Guardian, Washington y Londres enviaron un equipo secreto para rastrillar todo Irak (que pasó a ser territorio conquistado, o colonizado) en busca de armas de destrucción masiva. O para colocarlas ellos en algún lugar estratégico, diría un mal pensado.
El país que ha utilizado armas de destrucción masiva en escala gigantesca ha sido Estados Unidos.
El presidente Harry S. Truman, que dio la orden de lanzar las bombas atómicas que segaron en el primer momento 100 mil vidas en Hiroshima y 40 mil en Nagasaki, declaró eufórico que ése fue «el más grande acontecimiento de la historia».
El león asirio decapitado
Las tropas de ocupación no hicieron nada por evitar el saqueo y las destrucciones en el Museo Arqueológico de Bagdad, que guardaba tesoros de la civilización, y en otros cientos de lugares que reúnen piezas históricas de inestimable valor. El Pentágono dijo que vigilaría apenas algunos de estos sitios y no vigiló ninguno. Existe una versión según la cual antes de los depredadores ingresaron al Museo Arqueológico contingentes de fuerzas norteamericanas y salieron portando grandes cajas con materiales.
Vimos por TV a la responsable del Museo llorando desconsolada frente a un león asirio decapitado, con la cabeza rodando por el suelo. *
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