Tikrit, la ciudad natal de Hussein, está bajo control de EEUU

Bagdad recupera su vida

El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, calificó ayer lunes a Siria de «Estado paria», y el secretario de Estado norteamericano Colin Powell evocó la posibilidad de sanciones «de naturaleza diplomática, económica o de otro tipo» contra Damasco.

Ultima gran ciudad iraquí en haber escapado hasta el domingo al control de las fuerzas anglo-estadounidenses, Tikrit, 180 km al norte de Bagdad, estaba ayer lunes en manos de los marines norteamericanos, que se apoderaron del palacio presidencial, dando inicio a una cacería de partidarios del régimen de Saddam Hussein.

«Las operaciones militares más determinantes terminan», comentó el general Vincent Brooks, en el cuartel general del mando central norteamericano (Centcom) en Qatar. Los enfrentamientos en esta ciudad de 100.000 habitantes constituyeron «los únicos combates notables durante las últimas 24 horas» en Irak, subrayó.

Antes, un periodista de la AFP en el lugar había informado que los marines controlaban el centro de Tikrit, donde la situación era de calma, todos los comercios estaban cerrados y no se observaba ninguna presencia de fuerzas iraquíes regulares. Sin embargo, un portavoz del Centcom, el capitán Frank Thorp, juzgó que «mientras continúe le resistencia es prematuro decir que la guerra está terminada».

En Bagdad, intercambios de disparos tuvieron lugar ayer lunes en el suburbio chiíta de Saddam City, rebautizado Al Sadr City tras el ingreso de los norteamericanos en la ciudad.

Cinco días después del derrumbe del régimen de Saddam Hussein, la vida recuperaba progresivamente su curso normal en la capital. Los embotellamientos reaparecieron en el centro de Bagdad y los almacenes comenzaban a reabrir sus puertas.

«Hay más gente en las calles. Pensamos que hay ciertos progresos en términos de seguridad», confirmó un portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Bagdad.

Norteamericanos y británicos colocan a partir de ahora sus ojos sobre Siria, a la que acusan de poseer armas químicas y dar asilo a los dignatarios iraquíes que huyeron de la ofensiva de la coalición.

Según el general Brooks, los sirios representan el grueso de los combatientes extranjeros presentes en Irak para defender al régimen de Saddam Hussein.

El ministro israelí de Relaciones Exteriores, Silvan Shalom, de visita a Turquía, unió su voz a la de Londres y Washington. Shalom denunció el «papel primordial» de Siria en las actividades de las organizaciones terroristas. «Es algo que debe terminar», insistió.

Damasco negó en bloque estas acusaciones. El número dos de la embajada de Siria en Washington, Imad Mustafá, consideró que se trataba de «una campaña de desinformación». Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores sirio, Busaina Chaabane, entrevistado ayer lunes por el canal de televisión británico BBC, rechazó esas «acusaciones infundadas» dirigidas contra su país y se pronunció a favor de un «diálogo constructivo» con Estados Unidos.

En Moscú, un viceministro de Relaciones Exteriores llamó a Estados Unidos a mostrar «más moderación en sus declaraciones» concernientes a Siria.

De todos modos, el presidente norteamericano George W. Bush dijo que «cada situación necesita una respuesta diferente».

En Londres, el primer ministro británico Tony Blair declaró que «no existía ningún plan, de ningún tipo, para invadir Siria», y se mostró confiado en que Damasco «rechazaría» el acceso de cualquier persona procedente de Irak.

En El Cairo, el secretario general de la Liga Arabe, Amr Musa, calificó de «incomprensibles» las acusaciones norteamericanas contra Siria.

Reunidos en la capital egipcia, los ministros de Relaciones Exteriores de Egipto y de Jordania, Ahmed Maher y Marwan Moasher respectivamente, pidieron la retirada de las tropas extranjeras de Irak y la formación de un «gobierno iraquí representativo». *

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