El Papa pidió solidaridad con los jóvenes iraquíes
La paz fue también el tema de las oraciones de los fieles, leídas en árabe y en español inmediatamente después de la homilía del Papa.
El anciano Pontífice, en la misa celebrada esta mañana ante más de 40.000 personas, recordó que «Jesús es rey de verdad, de libertad, de justicia y de amor. Son estos los cuatro pilares sobre los cuales es posible construir el edificio de la verdadera paz, como hace 40 años escribía en la encíclica Pacem in Terris el beato Papa Juan XXIII».
«Les entrego idealmente a ustedes, jóvenes de todo el mundo, este histórico documento, más que nunca actual», dijo el Papa reiterando enfáticos conceptos vertidos la semana pasada.
Decenas de miles de jóvenes y familias, con ramos de olivo y banderas de la paz, asistieron en la Plaza San Pedro a las celebraciones del Domingo de Ramos y al Angelus, para escuchar el fervoroso llamado del Papa, quien pidió nuevamente hoy por la paz y la justicia, como lo viene haciendo desde hace semanas en sus enérgicas homilías en contra de la guerra en Irak.
La misa del Domingo de Ramos recuerda el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén, un momento litúrgico solemne, que da inicio a los ritos de la Semana Santa.
«En cierta forma, Jerusalén puede ser considerada la Ciudad–símbolo de la humanidad –observó Juan Pablo II en su homilía– especialmente en el dramático inicio del tercer milenio que estamos viviendo».
«Es la ciudad en la cual vive la memoria de David, la ciudad de los profetas, muchos de los cuales sufrieron el martirio por la verdad, la Ciudad de la paz, que durante los siglos ha conocido violencia, guerra y deportación», agregó el Papa. Juan Pablo II recordó también que en estos días la Iglesia Católica celebra a nivel de diócesis la Jornada Mundial de la Juventud. Por tal motivo, dirigiéndose en particular a las jóvenes generaciones, reiteró su invitación a que sean «centinelas de paz».
«Â¡Y cómo no expresar fraterna solidaridad a vuestros coetáneos que sufren por la guerra y la violencia en Irak, en Tierra Santa y en diversas partes del mundo!», dijo el Papa durante la homilía.
La misa comenzó hoy con una imponente procesión en la plaza San Pedro y delante del sagrario.
Al comienzo de la ceremonia, los jóvenes de Toronto –ciudad donde se celebró el año pasado la Jornada Mundial de la Juventud– transportaron la gran cruz de madera sobre el sagrario, para pasarla luego a sus hermanos de Colonia, donde tendrá lugar el encuentro internacional del año 2005.
«Ahora la Cruz retoma su peregrinación –dijo Juan Pablo II– atravesará primero varios países de Europa central y oriental, luego a partir del Domingo de Palmas del año próximo, visitará las Diócesis de Alemania hasta llegar a Colonia». Decenas de cardenales, obispos, sacerdotes, hombres y mujeres desfilaron delante del sillón de Papa con ramos de palma, en recuerdo de los judíos que acogieron la llegada de Cristo a Jerusalén coreando «Hosanna en las Alturas».
Durante el rito religioso, el Papa usó el sillón especial que le permite dirigir sentado toda la ceremonia, incluso el momento litúrgico de la eucaristía en el altar.
Las plegarias de los fieles, luego de la homilía papal, insistieron en la necesidad de «concordia y fraternidad».
«Recemos por todas las personas y las culturas del mundo –fue recitado en árabe–, por todos los que buscan a Dios en las diferentes vías religiosas. Que entre ellos haya siempre confrontación y diálogo, que se apague toda la intolerancia y el desprecio, y que juntos busquen vías de concordia y de fraternidad». *
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