Los exiliados iraquíes dudan sobre el retorno a sus tierras
Miles de chiítas iraquíes, exiliados en el norte de Estados Unidos tras la primera guerra del Golfo en 1991, celebraron en las calles la caída del régimen de Saddam Hussein, pero su deseo de regresar a su país se mezcla ahora con las dudas sobre su futuro.
En Deaborn, un suburbio de la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan (norte), donde vive una importante comunidad árabe, estos exiliados, la mayor parte chiítas, llenaron las calles el miércoles para festejar la caída del dirigente iraquí.
Pero después del alborozo, las incertidumbres sobre su vida futura regresaron y se mezclaron con la esperanza de poder volver a su país.
«Es demasiado peligroso por el momento», opinó Hassan Al Rukabi, quien concurre regularmente al centro islámico Karbalaa. Para él serán necesarios meses y tal vez años para que toda huella del régimen que detesta haya desaparecido y que considere volver a Irak.
«Estados Unidos y Gran Bretaña deben afirmar en principio la seguridad», afirma este hombre de 46 años, quien todavía muestra las cicatrices de los seis años que pasó en una prisión de Bagdad durante los años 80.
Para él, como para sus amigos del lugar, no hay duda: los edificios en fuego, los saqueos o incluso el asesinato de Abdel Maki Al Joi, jefe chiíta iraquí moderado y prooccidental en Najaf –la ciudad santa chiíta en el sur de Bagdad– son obra de las últimas personas leales a Saddam Hussein que quieren «echarle la culpa a los chiítas».
El miedo siempre presente a los servicios secretos iraquíes, las incertidumbres sobre su vida una vez que vuelvan a Irak, lleva a que muchos de los 150.000 iraquíes que viven cerca de Detroit sigan teniendo temor de partir, aunque les gustaría participar en la reconstrucción del país.
Mohsein Almeamaar, ex empleado de la fábrica de producción automotriz General Motors, cuenta los días que lo separan del rencuentro con su familia en Irak, donde espera ayudar a ver nacer la democracia.
«Yo volvería enseguida si el presidente George W. Bush me paga el pasaje», asegura por su parte Sabeeh Al Breh. «Estados Unidos se ha portado muy bien con mi familia, pero no es mi país», dice este cocinero, padre de cinco hijos. *
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