Un general norteamericano gobernará Irak

Han caído todas las máscaras. Las toneladas de mentiras, de hipocresía mezclada con cinismo de quienes se sienten dueños del mundo quedaron a un lado: Irak será gobernado por el general norteamericano Jay Garner, Derecho viejo. Los nazis ponían a un quisling, los yankis colocan a uno de los suyos, de la cofradía de Rumsfeld y traficante en armamentos, que se instalará en Bagdad con plenos poderes al lado del general texano Tom Franks, jefe del comando de las tropas USA. Sus secuaces tienen orden de matar a 55 integrantes del gobierno iraquí, lo que muestra el carácter gangsteril del gobierno de Bush. Miembros conspicuos de éste, empezando por el vicepresidente Cheney, se aprestan a embolsarse (disputando como lobos con los ingleses) el producto de gigantescos negociados con la reconstrucción del país que ellos mismos hicieron polvo con armas de destrucción masiva.

Traficante de armas conectado a Israel

Lo concreto es eso: Irak será gobernado por un general norteamericano. El territorio otrora bajo mandato británico se convierte en protectorado yanki. Colin Powell declaró que la ONU no tendrá vela en este entierro: se limitará a participar en la asistencia humanitaria, todo bajo el control de tropas USA. EEUU se confrontó con Turquía por el dominio de la norteña zona kurda, y zanjó la cuestión ocupando militarmente Kirkuk (capital de un posible Kurdistán independiente), también Mosul, y de paso la riquísima zona petrolera circundante. Sospechosamente, el «fuego amigo» mató antes a dirigentes kurdos de la región. Ayer los yankis desalojaron a todos los kurdos que habían entrado en Kirkuk y ocuparon su lugar. Así se completó la ocupación militar, ya que también toda la región petrolera del sur está bajo control de los «aliados» (que lo son hasta que llega el momento de repartirse el botín de guerra).

El general Garner es un veterano de la guerra de Vietnam, o sea, de las tropas que mataron a todos los pobladores de la aldea de My Lai, arrojaron defoliantes y agentes naranja que asolaron extensas zonas, auténticas armas de exterminio en masa (ésas que en Irak no aparecen por ninguna parte). Después trabajó en el proyecto reaganiano de la guerra de las galaxias y participó en la primera guerra del Golfo. El hombre tuvo la habilidad de vincular las armas con los negocios, ya que al salir del ejército fue designado director general de SY Technology, empresa de alta tecnología militar que junto a L-3 Communications fabrica sistemas de dirección y comando de los misiles estadounidenses, los mismos que redujeron a polvo zonas enteras de Bagdad (y que ahora habrá que reponer). Además, utilizó su influencia en el ejército para obtener jugosos contratos para su compañía, por lo cual fue acusado ante los tribunales, pero todo se arregló con un «amigable acuerdo confidencial». Tiene estrechas relaciones con los halcones del gobierno israelí, y en particular con el Instituto Judío para Asuntos de Seguridad Nacional (Jinsa), que se expresaron ya en la primera guerra del Golfo.

Los negociados de las aves de rapiña

El caso más flagrante de negociante de la guerra y de tráfico de influencias es el vicepresidente Dick Cheney. Fue capo máximo de la petrolera Halliburton desde 1995 a 2000, de la que salió para ocupar la vicepresidencia, recibiendo en compensación 30 millones de dólares. Lo que no obstó para que siguiera obteniendo jugosos contratos del Pentágono para la compañía. El último dato fresquito es que la petrolera Halliburton y su subsidiaria, la Kellog, Brown & Root, recibirán 7.000 millones de dólares para apagar incendios de pozos petrolíferos en Irak. Además, también podrán retener el 7% de los intereses sobre la suma entregada. Esto se destapó por una carta enviada por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército al representante demócrata Henry Waxman, que investiga los contratos de obra para la reconstrucción de Irak. Los documentos que involucran a la Kellog, Brown & Root fueron publicados por Businessweek el 28 de marzo.

Pero he aquí que los británicos reclaman airadamente su parte. Por algo fueron a la guerra. Y por algo también sufrieron el «fuego amigo», que le mató tantos soldados como los iraquíes. El Comité de compañías constructoras británicas (BCCB), que representa 300 compañías en Gran Bretaña, reclamó que Tony Blair interceda para que puedan conseguir «contratos esenciales» en el proceso de reconstrucción de Irak y «beneficiarse económicamente». Se quejan amargamente de que en la primera guerra del Golfo los largaron por baranda, que «los contratos para Kuwait quedaron todos en manos estadounidenses» y le ponen precio a la colaboración inglesa: un módico 20%, con beneficios algo superiores a los 1.200 millones de dólares.

¿Cuál es el próximo?

Es la pregunta de la hora. Después de Afganistán e Irak, ¿quién sigue? («what’s next», dicen los ingleses). Las amenazas son múltiples. En primer lugar Siria, que condenó duramente la invasión. El subsecretario de Defensa Paul Wofowitz declaró: «Los sirios no se portan bien, necesitan recordatorios. Si continúan, tendremos que repensar nuestra política de cara a un país que alberga a terroristas y criminales de guerra». El secretario de Estado adjunto Richard Armitage agregó El Líbano a la lista al mencionar al grupo chiíta Hezbollah: «Están en la lista, la hora llegará, no hay duda». También está en la mira Irán.

La guerra infinita

Después que Mossadegh nacionalizó el petróleo y expropió la Anglo Iranian Oil Co., la CIA le organizó un golpe de Estado y lo dejó pudrirse en la cárcel hasta su muerte. El sha retomó el poder y transformó el país en un peón en la estrategia de EEUU contra la Unión Soviética. El sha fue derribado por una marejada popular con influencia del ayatolah Jomeini. El régimen adoptó una postura antiyanki y humilló a EEUU con los rehenes presos en la embajada. En la guerra de 1980-88, EEUU armó a Saddam Hussein contra Irán. Ahora se dio vuelta la taba. En Washington hay quienes aspiran a saldar viejas cuentas. La concepción dominante es la de la «guerra infinita», imponiendo en todas partes como argumento supremo la superioridad militar. *

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