Los conflictos de intereses en la reconstrucción del país

Irak: contratos por U$S 7.000 millones

La nueva controversia que involucra a la propia Casa Blanca en un presunto conflicto de intereses, también suma la queja de las compañías constructoras británicas al gobierno del premier Tony Blair, estrecho e incondicional aliado de Washington en la campaña militar por remover a Saddam Hussein de Irak.

En efecto, el Comité de compañías constructoras británicas (BCCB) urgió al gobierno de Tony Blair a interceder para que puedan conseguir «contratos esenciales» en el proceso de reconstrucción de Irak y beneficiarse económicamente de la invasión angloestadounidense.

En el caso de Halliburton, el 28 de marzo pasado con un golpe sorpresa adelantado por el semanario Businesweek, se dio la noticia de que la controlada Kellog Brown & Root, en puja por los primeros contratos por 600 millones de dólares de la estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), no habría sido «el principal contratista» sino sólo uno de los contratistas para la reconstrucción de Irak.

Ahora se descubre que la ex empresa de Cheney recibirá casi 7.000 millones de dólares en dos años para apagar los incendios en los pozos petrolíferos dañados por el régimen de Saddam Hussein, y los beneficios de su producción.

BCCB, que representa a más de 300 empresas en toda Gran Bretaña, se reunió con funcionarios de Whitehall en Londres, para exigirles que intercedan y consigan contratos esenciales para la reconstrucción iraquí.

«Después de la guerra del Golfo en 1991, perdimos muchos contratos para construir Kuwait, ya que fueron a parar a manos estadounidenses», declaró un vocero de BCCB. Agregó que el Comité se quedará satisfecho si se logra firmar el 20% de los contratos para la reconstrucción de Irak, con beneficios económicos superiores a los 1.200 millones de dólares.

La cifra para las arcas de Kellog Brown y Root fue develada por una carta que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense envió al exponente legislativo demócrata Henry Waxman, quien había reclamado la dilucidación del caso de los contratos de obras previstos para la reconstrucción en Irak.

Según la carta, además de los 7.000 millones de dólares en dos años, la empresa controlada por Halliburton también podrá retener el 7% de los intereses sobre la suma entregada, estimada en unos 490 millones de dólares.

El caso, sobre el cual también escribió el New York Times, está destinado ahora a alimentar las polémicas sobre la elección de Halliburton, el gigante que en marzo pareció haber sido descartado del papel secundario como subcontratista, precisamente para evitar críticas ligadas a las actividades de Cheney, presidente de la firma entre 1995 y 2000, de la que, según Waxman, salió con una compensación de 30 millones de dólares.

Además, desde el 11 de setiembre de 2001, Halliburton y su controlada, Kellog Brown & Root, estuvieron en el centro de la atención por los numerosos contratos recibidos por el Pentágono.

Entre éstos, la construcción de las celdas de la base militar estadounidense en Guantánamo, destinadas a alojar a los sospechosos de terrorismo arrestados en Afganistán, así como la provisión de los servicios logísticos al Ejército y a la Marina estadounidenses. *

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