Después de Saddam, el sueño de un Estado kurdo aún está lejano
Decenas de miles de kurdos festejaron el miércoles la toma de Bagdad y lo cierto es que tenían motivos para clamar venganza: numerosas campañas contra su comunidad entre las que destaca el bombardeo con armas químicas de Halabja en 1988, la represión de las revueltas kurdas de 1991, persecuciones y expulsiones, entre otras razones.
En el Kurdistán rara es la familia que no sufrió la represión de Saddam Hussein.
Sin embargo, a diferencia de los chiítas, los kurdos fueron liberados de las crueldades del régimen en 1991 cuando se creó en el norte de Irak una autonomía protegida por la ONU y por los aviones estadounidenses y británicos.
Además los kurdos tomaron parte activa en la victoria anglo-estadounidense. Mientras en el sur los combatientes chiítas fueron mantenidos al margen de los combates, los estadounidenses tuvieron que asociarse con los kurdos en el norte, dado que no pudieron hacer llegar a través de Turquía refuerzos de hombres y de material para abrir un nuevo frente.
Durante toda la campaña militar los estadounidenses se han esforzado en tomar la iniciativa en las operaciones y frenar así los ardores kurdos. Temían que se produjeran errores, y sobre todo, temían la reacción de Ankara ante el protagonismo militar de los kurdos. Los temores estadounidenses y turcos podrían haber hallado una justificación durante la toma de Kirkuk. Miles de peshmergas (combatientes kurdos) tomaron la ciudad, proclamada como futura capital hace meses por las dos grandes organizaciones kurdas, el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK).
La evidente rivalidad entre el PDK y la UPK para hacerse con el control de la ciudad no parecía tranquilizar a los estadounidenses, que albergan además dudas sobre la capacidad de los opositores iraquíes para dirigir el país.
Estos acontecimientos «inaceptables» dieron a Turquía la ocasión de mostrar de nuevo su extremada sensibilidad frente a lo que pasa en sus puertas.
Turquía no dejó, antes y durante la guerra, de amenazar con intervenir militarmente en el norte de Irak para defender sus intereses. Además le angustiaba la presencia de los kurdos en dos ciudades ricas en petróleo como Kirkuk y Mosul que albergan además a importantes comunidades que hablan turco.
Los estadounidenses se apresuraron en hacer saber a Turquía que se encargarían personalmente de mantener el orden en Kirkuk y que la UPK retiraría a sus peshmergas.
Los kurdos decidieron igualmente dejar en suspenso sus reivindicaciones independentistas. Muchos aseguran que la cuestión terminará por resurgir ya que los kurdos componen la comunidad étnica más importante del mundo que no dispone de un Estado propio. *
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