Milicias urbanas controlando con fusiles y pistolas sus barrios

La Bagdad "liberada" se hunde en la anarquía

«Vergüenza», está escrito sobre uno de los muchos retratos todavía intactos de Saddam Hussein, situado en el barrio Al-Mansur, invadido este viernes por bandas de ladrones y por milicias improvisadas de vecinos que intentan detenerlos a la fuerza. ¿Vergüenza de Saddam o vergüenza de los estadounidenses? Los ciudadanos de Bagdad no saben qué decir. «La llegada de los norteamericanos no trajo la libertad que esperábamos», asegura cabizbajo Kasem, un profesor iraquí que se espanta ante el saqueo del museo arqueológico local a manos de «bandidos que desconocen el valor histórico de las piezas».

Desde su entrada a la ciudad el miércoles, los tanques norteamericanos sólo han cortado algunas calles de Bagdad, rodean los dos hoteles donde se alojan periodistas, el ministerio de Petróleo, la Alcaldía y los palacios de Saddam Hussein.

A pocos metros de estas zonas protegidas, el fin de los combates se funde con el inicio de un caos general. Algunos vecinos dicen que los soldados contribuyen a alimentar esta anarquía y abren paso con sus tanques a los ladrones, les animan e incluso les toman fotografías.

Cuatro sirios, combatientes voluntarios, murieron ayer viernes por la mañana en el barrio de Al Eahdamiya a manos de marines norteamericanos que seguían «limpiando» el sector ayer viernes por la tarde.

«Nos han disparado con granadas, con lanzacohetes y fusiles. Los hemos localizado y estamos arrinconándolos», explicó el lugarteniente de los Marines estadounidenses Nick Hordon.

A pocos metros, en la mezquita del barrio, Abu Janif, perteneciente a los musulmanes sunnitas, varios vecinos han aprovechado la confusión para ultrajar el centro religioso.

En varias casas del barrio, muy afectado por los bombardeos de los días pasados, ondean todavía los carteles negros con letras blancas que las familias que pierden un ser querido cuelgan ante sus hogares con el fin de comunicar su muerte a los vecinos.

Para ahuyentar a un automóvil de la prensa, los ladrones no dudan en sacar sus pistolas.

Los disparos al aire se multiplican en toda la ciudad y hacen huir despavoridos a los niños y las mujeres, que participan también en los saqueos.

A la puerta de un comercio de productos electrónicos, la multitud ha conseguido derrumbar la puerta de entrada y se pelea por hacerse con el mayor número posible de productos. *

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