¿Quién es el próximo en la línea de mira de Estados Unidos?
Los que temen al dominio de Estados Unidos en el mundo como gendarme que ejerce su poderío se plantean ahora la misma pregunta: ¿quién será el próximo en la lista tras el derrocamiento el régimen de Saddam Hussein?
Afirmada en las campañas en Afganistán e Irak, la nueva doctrina del presidente George W. Bush que busca neutralizar cualquier presunta amenaza antes que se materialice, permite presagiar otras aventuras militares para Estados Unidos.
La administración Bush no ha ocultado jamás que el cambio de régimen en Irak no marca el punto final de la guerra contra el terrorismo declarada al día siguiente de los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Sin embargo, el secretario de Estado Colin Powell negó el jueves la existencia de un nuevo objetivo en la lista negra de Estados Unidos. Washington «no tiene un plan o lista de naciones a las que vamos a atacar una detrás de la otra», dijo Powell a la televisión paquistaní.
Con Saddam Hussein fuera del poder, el «eje del mal» marcado por Bush se limita ahora a Irán y Corea del Norte, incluso si los consejeros de la Casa Blanca parecen querer agregarle ahora Siria.
«Los sirios no se comportan bien, necesitan recordatorios», declaró el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz el jueves ante una comisión del Senado. «Si continúan, tendremos que repensar nuestra política de cara a un país que alberga a terroristas y criminales de guerra», dijo.
El secretario de Estado adjunto Richard Armitage parece también querer alargar la lista, cuando en setiembre pasado describió al partido integrista chiíta libanés Hezbolá como «tal vez el grupo número uno» del terrorismo mundial. «Están en la lista, la hora llegará, no hay duda», dijo.
Antes de emprenderla contra Irán o Corea del Norte, Washington dice querer primero emplear sus armas diplomáticas y comerciales para concretar la esperanza de Bush de ver que la caída de Saddam Hussein provocará una ola de cambios democráticos en Medio Oriente.
Los esfuerzos de Washington para instaurar un nuevo gobierno en Bagdad serán cruciales. El paso a la democracia y a la economía de mercado corren el riesgo de ser mal vistos por los otros regímenes árabes autoritarios.
Y si se comprueba que los nuevos jefes del país son sólo marionetas de la Casa Blanca o que las empresas estadounidenses se aprovechan de las riquezas petroleras iraquíes, las esperanzas de democracia en la región corren el riesgo de nacer muertas.
«Todo lo que hagamos a partir de ahora enviará un eco, a la vez positivo y negativo, a los corazones y espíritus de las personas de otros países», destaca Steven Clemons, analista de la New America Foundation, un grupo de reflexión de Washington. «Es un juego en que los símbolos tendrán una importancia capital».
Altos responsables estadounidenses aseguran ahora que Estados Unidos tiene mucho que hacer con Irak y Afganistán, donde los señores de la guerra han hecho su reaparición, para lanzarse a otra campaña.
La administración insiste en decir que el caso iraquí y el norcoreano son diferentes y prefiere optar por la diplomacia con Pyongyang. Algo que los observadores ven sobre todo como el signo evidente de la incapacidad de Washington de detener a Corea del Norte. *
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