El inmenso Brasil está comenzando a cambiar

Los avances del gobierno de Lula en sus primeros cien días

Al asumir, Lula encontró al país sumido en una grave crisis. El dólar rozaba los 4 reales, el riesgo-país en setiembre pasado se situaba en 2.400 puntos, el real se desvalorizó cerca del 50% en el anterior período, la deuda pública llegó a alcanzar el 63% del PBI y cerró el año 2002 en 57% (en 1994 estaba en 33%). Los adversarios decían que si Lula ganaba el país seguiría el camino de la crisis argentina. Ahora, a tres meses del nuevo gobierno, el ambiente de confianza en Brasil ya es otro.

Reversión de la tendencia

El gobierno de Lula no sólo evitó la profundización de la crisis, sino que revirtió la tendencia negativa de los principales índices de la economía. Incluso en el clima de guerra reinante, que suscita incertidumbre y retracción de la economía mundial, Brasil emprendió una travesía relativamente tranquila. El dólar está un poco encima de los 3 reales y sigue bajando, el riesgo-país se ubica por debajo de los mil puntos, el superávit comercial en los primeros tres meses, impulsado por el aumento de las exportaciones, alcanza 3.600 millones de reales. En el pasado, Brasil creció sin distribución de renta; en los años recientes, no creció y no hubo distribución de renta; el objetivo central del PT y del gobierno Lula es crecimiento (del orden del 4 al 5% anual) y distribución de renta.

Aumento del salario mínimo y proyecto «Hambre Cero»

Desde el 1º de abril, el salario mínimo subió 20%, de 200 a 240 reales. Para un dólar a 3,40 reales (y está bajando) se situaría por encima de los 70 dólares. En Uruguay, para establecer una comparación, el salario mínimo nacional (SMN) se fijó en $ 1.145, que a un dólar de $ 29.50 no alcanza a 39 dólares. En su alocución al país del lunes 7, Lula dijo que «al final del gobierno vamos a duplicar el poder de compra del salario mínimo».

El proyecto «Hambre Cero» fue colocado en primer lugar en la agenda del gobierno. El presidente lo definió así: «Hemos comenzado el programa Hambre Cero. Es el mayor programa contra el hambre que se haya emprendido en Brasil. Es cierto que tuvimos varios tropiezos al inicio, pero éste es un programa complejo, que implica varios cambios estructurales en el país. Por eso nunca se hizo antes. No me canso de repetirlo: me sentiré realizado si, al término de mi gobierno, ningún brasilero o brasilera dependiera de la donación de una canasta básica para alimentarse».

En efecto, el proyecto se desenvuelve a la vez desde varios frentes. Abarca actividades centrales del gobierno, una campaña de concientización solidaria a escala nacional por los medios de difusión bajo consignas muy efectivas: «nuestra guerra es contra el hambre» y «el Brasil que come ayudando al Brasil que tiene hambre», actividades de los municipios y una colaboración significativa de las empresas privadas. Nestlé donó un millón de kilos de alimentos y además financiará la contratación de personal que se ocupará de implementar el plan. También colaboran grandes empresas como el grupo Pâo de Açúcar y la Shell. El titular del Banco Mundial, James Wolfensohn, estuvo en Brasilia y comprometió varios préstamos a Brasil para que el Ministerio de Seguridad Alimentaria, creado expresamente, organice un banco de datos (incluyendo situación de empleo y de renta, atención a la salud y nivel educacional) de los mil centros poblados más pobres al nordeste brasileño, los cuales serán a su vez apadrinados por empresas privadas que acuerden colaborar con el plan. Una dimensión notable del mismo es que se propone alfabetizar dos millones de adultos en cuatro años, tarea conducida por el Ministerio de Educación y financiada por la Confederación Nacional de la Industria en cuanto a instalaciones, personal docente y material de estudio. Todo esto se complementa con la donación de canastas de alimentos básicos y la creación de bancos de alimentos (uno por lo menos en cada estado) destinados a entidades sociales, guarderías infantiles, asilos y organismos similares.

Empresas nacionales y privatizadas

Otro cambio significativo consiste en dar prioridad a las empresas nacionales. Fue esto lo que llevó a la Petrobras a rever las condiciones para la construcción de las plataformas P-51 y P-52, iniciadas en el anterior período de gobierno. Las condiciones antes existentes no daban ninguna chance a las empresas brasileñas. En las nuevas condiciones se garantiza que por lo menos el 65% de las plataformas se construyan en el país, generando millares de empleos locales. En este caso es decisivo, según Lula, «el cambio en la mentalidad».

Esto se vincula a la situación de las empresas privatizadas, respecto de las cuales Genoino formula el siguiente planteamiento de fondo: «El nuevo gobierno encontró las áreas de infraestructura y de servicios, como transporte, energía y telefonía, sumergidas en graves crisis, que exhiben un retrato cabal del modelo equivocado de privatizaciones del gobierno anterior. Los organismos reguladores, impotentes y capturados por las empresas regulados, requieren pasar por un proceso de perfeccionamiento, con una definición más clara de sus funciones y rendiciones de cuentas ante el Congreso. El gobierno Lula se propone, mediante un planteamiento democrático, buscar soluciones de saneamiento de las empresas privatizadas, sin tomar el camino de la reestatización».

Asimismo se han retomado las obras públicas paralizadas.

Reformas tributaria y de la seguridad social

El 2 de abril el gobierno logró una importante victoria política en la Cámara de Diputados al aprobarse por 442 votos a favor –134 más de los necesarios– la enmienda constitucional que deja la vía expedita para la autonomía del Banco Central. Votaron junto al PT todos los partidos aliados –solamente el PDT de Leonel Brizola se abstuvo– y varios partidos de oposición. Se produjo el tipo de acuerdo político que llevó a elegir a un representante del PT a la Presidencia de la Cámara de Diputados y a José Sarney a la del Senado.

El gobierno se comprometió a elevar este mes al Congreso las reformas tributaria y del sistema previsional, que cambian las bases de ambos y tendrá enorme repercusión social. Las reformas, señala Lula, «se están estructurando de forma absolutamente democrática, consultando a todos los sectores organizados de la sociedad, en perfecta sintonía con los gobernadores y prefeitos de todos los partidos».

No sólo carnaval y fútbol

En síntesis, el presidente expresó que «Brasil es el país del carnaval y del fútbol, sí, y con mucho orgullo, pero es también el país de la industria, de la agricultura, del comercio y del turismo.

Un país inmenso, con gran potencial de crecimiento. Apenas estamos comenzando. me siento muy optimista sobre el futuro del país. La energía que necesitamos viene de ustedes. Y ella nos otorga fuerza y coraje para cambiar al Brasil». *

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