Ataque suicida, combates y saqueos en una caótica Bagdad
Al anochecer al menos cinco ministerios estaban en llamas en el centro de Bagdad, comprobó un periodista de la AFP.
El ataque suicida fue perpetrado contra un puesto de control en pleno corazón de la capital iraquí, cerca del hotel Palestina donde se aloja la prensa internacional.
El atentado «ciertamente refuerza el peligro que aún permanece», dijo en Washington el general del ejército, Stanley McChrystal, subdirector de operaciones del comando conjunto.
«Mientras tratamos de permitir que la vida vuelva a la normalidad, resulta cada vez más difícil mantener la protección de nuestras fuerzas», dijo.
Kirkuk, a 300 km de Bagdad, cayó en manos de los peshmergas kurdos y los soldados estadounidenses que entraron sin encontrar resistencia.
Al saber que millares de kurdos acudían este jueves hacia Kirkuk para recuperar los bienes que les fueron confiscados por Saddam Hussein en aplicación de su política de arabización, Ankara reaccionó vivamente y calificó de «inaceptable» que las fuerzas kurdas ejerzan un control «permanente» de la ciudad.
Turquía, temerosa de que las ambiciones kurdas conduzcan a crear un estado independiente, no permitirá que los refugiados kurdos modifiquen la composición demográfica de las ciudades iraquíes de Mosul y Kirkuk, precisó el canciller turco.
«Dispondremos de observadores militares en la zona», advirtió.
En un intento de tranquilizar a Turquía el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, confirmó inmediatamente que «las fuerzas estadounidenses controlarán Kirkuk». Las fuerzas estadounidenses controlaban también los yacimientos petrolíferos de la zona.
Los helicópteros de combate estadounidenses intervinieron el jueves por la tarde durante los enfrentamientos que oponían a grupos de los Fedayín de Saddam a unidades estadounidenses en el barrio de Al Otayfia, observó una periodista de la AFP. En la periferia de Bagdad continuaban además los bombardeos aéreos.
El ministro británico de Defensa Geoff Hoon dijo que una embrionaria autoridad podría ser instalada dentro de algunos días en el sur de Irak.
Poco después, el presidente estadounidense, George W. Bush, y el primer ministro británico, Tony Blair, en una alocución televisada dirigida a los iraquíes, afirmaron que el gobierno de Irak pertenecerá pronto a los iraquíes, y no será dirigido por Gran Bretaña ni por Estados Unidos.
«Nuestro enemigo es Saddam y su régimen, no el pueblo iraquí», declaró Blair. «Pronto terminará la pesadilla que Saddam Hussein llevó a vuestra nación», agregó por su parte el presidente norteamericano.
Ambos dirigentes insistieron en que las tropas de la coalición no son una fuerza de ocupación.
Los habitantes de Bagdad no pudieron seguir la alocución televisada dirigida a los iraquíes por Bush y Blair, pero una portavoz de la Casa Blanca dijo que sí las pudieron escuchar por radio.
Bagdad continúa siendo un «lugar peligroso», declaró el general estadounidense Victor Renuart que estimó que las fuerzas angloestadounidenses «controlan ahora entre un 50% y un 60% del territorio iraquí».
En ese marco de fin de régimen, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, recibió este jueves durante unos 30 minutos al embajador iraquí ante la organización, Mohamed Al–Douri.
Poco antes del anuncio de la entrevista, Annan, interrogado por periodistas a su arribo a la ONU, indicó que desconocía «cuál es el estatuto del embajador». «El no ha solicitado asilo político o protección», dijo Annan.
Al Douri dijo la víspera a la televisión norteamericana que desconocía la suerte de Saddam Hussein pues no tenía «comunicación con Irak». «El juego terminó. Espero que la paz prevalezca y que al fin el pueblo iraquí tendrá una vida pacífica», añadió.
Annan dijo que «por lo que hemos visto, no hay actualmente un gobierno que funcione en Irak. Hemos visto escenas de júbilo pero, por supuesto, cuando pensamos en las víctimas –tanto civiles como militares– (es evidente que son) los iraquíes los que han pagado el precio más alto», dijo el líder de la ONU.
«También hemos visto escenas de pillaje y, evidentemente, la ley y el orden son una preocupación importante», agregó Annan.
Pero en las calles de la capital iraquí los saqueos parecían no tener fin. Las mansiones de los altos dignatarios del régimen, entre ellas la del hijo mayor del presidente Saddam Hussein, Udai, fueron objeto de pillaje ante la mirada de los soldados estadounidenses, constató un periodista de la AFP.
En Basora (sur) la situación rozaba la anarquía, agravada por la ausencia de cualquier autoridad local o policía y la aparente impasibilidad de las tropas británicas.
En Najaf, también al sur, un jefe chiíta iraquí opositor a Saddam, Abdel Majid Al Khoi, fue asesinado este jueves, anunció a la AFP un portavoz de su organización con base en Londres.
Estados Unidos condenó firmemente este asesinato, en el que el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, vio «un nuevo recordatorio de cuán peligrosa es la situación dentro de Irak».
El paradero de Saddam Hussein seguía siendo un misterio. Estados Unidos está a la búsqueda de cualquier pista sobre su suerte.
Los contradictorios rumores desencadenados luego del colapso del régimen de Bagdad, ponen a Saddam ya sea en su ciudad natal de Tikrit, en la embajada rusa en Bagdad o en una localidad en ruta hacia Siria que fue escenario de duros combates.
«Nada ha cambiado en ese sentido. Su suerte es desconocida actualmente», dijo un alto funcionario estadounidense que solicitó conservar el anonimato.
Los investigadores estadounidenses visitaron los escombros de un edificio bombardeado en el distrito al–Mansour de Bagdad, que albergó un popular restaurante, pero donde al parecer había también oficinas de la inteligencia iraquí.
En Washington Horst Koehler, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo que el riesgo que implicaba la guerra en Irak para la economía mundial fue «contenido», calificando de «buena noticia» la corta duración del conflicto.
Edificio de Seguridad general, símbolo del régimen de Saddam, es el cuartel general de marines
Un inmenso laberinto del que sus hombres han huido y buena parte de los expedientes han desaparecido: los marines estadounidenses estaban instalando este jueves su cuartel general en la sede de la Seguridad general iraquí, uno de los servicios más temidos del régimen de Saddam Hussein.
En la entrada, cubierta de trozos de cristal y signos de los bombardeos, extractos de los pensamientos del presidente iraquí, pintados en letras doradas, reciben al visitante. «Gobernamos con justicia, castigamos a los criminales», dice uno de ellos.
En ese lugar, ya está instalado el centro operativo del primer equipo de combate del regimiento de los marines, con mapas de estado mayor, ordenadores y GPS (sistema de localización satelital).
Hay rumores de la existencia en ese lugar de cavidades subterráneas y cámaras de tortura.
Desde su llegada el miércoles por la noche a este barrio de Al Baladyiat, al este de la capital, decenas de militares norteamericanos se dedican a limpiar esos edificios. Y quisieran hacer hablar a esos lugares, símbolos de la opresión ejércida por un sistema.
La tarea es «difícil», señala Andrew Young, un oficial de ese regimiento de los marines.
En ese inmenso complejo de gruesos muros de ladrillo, son pocos los edificios que resistieron a tres semanas de bombardeos. A veces, de los seis pisos sólo quedan escombros. Además, todos los cristales de las ventanas están rotos y los techos derrumbados, con las lámparas y los
ventiladores colgando en forma precaria.
Al llegar, los marines no encontraron ninguna señal de vida, «ni siquiera un cuerpo», dice Andrew Young.
«Pero sí hallamos pasaportes, fotos y papeles, todo en árabe», agrega. En el lugar también se encontraron decenas de miles de municiones.
Como la mayoría de los edificios estratégicos del poder, las instalaciones, que con sus coquetos jardines respiran opulencia, fueron abandonadas antes de la guerra. Los hombres parecen haberse tomado el tiempo necesario incluso para llevarse expedientes.
En la prisión, un gran edificio en el centro del complejo, el piso de las oficinas está cubierto de papeles, calendarios, retratos presidenciales destrozados y uniformes negros, de los Fedayin de Saddam, un cuerpo paramilitar dirigido por Udai, el hijo mayor de Saddam Hussein.
Las decenas de celdas son reductos de algunos metros cuadrados con las puertas abiertas. Los prisioneros fueron oficialmente liberados luego de que Saddam Hussein decretara una amnistía en octubre. En el exterior, la población mira con temor al recinto.
«Hoy me siento bien, Los norteamericanos no le hicieron nada malo a la población, al contrario», dice Omar Rizkalá, de 24 años.
Sobre la suerte de los famosos miembros de la policía secreta, o de cualquier otro integrante de la seguridad nacional, que se esfumaron subrepticiamente, este estudiante responde: «Creo que tienen miedo, que cambiaron sus uniformes por vestimentas civiles y que volvieron a sus casas». *
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