Sin policía ni gobierno, y parcialmente destrozada por los bombardeos

Basora se hunde en la anarquía

Sin policía ni gobierno, parcialmente destrozada por los bombardeos y habitada por personas que necesitan agua y un mínimo bienestar, Basora (sur) es un escenario perfecto para asesinatos, ajustes de cuentas, saqueos y demás delitos.

«Para todos los crímenes que nunca ocurrieron en la ciudad», resume Hossam, comerciante que no abre su pequeña tienda de comestibles y tabaco por miedo a los ladrones, pero la vigila con su familia 24 horas al día.

«Aunque odiamos a Saddam, al menos con él no se quebrantaba la ley por miedo al castigo. Entre aquello y este desorden, nos quedamos con lo que teníamos», añade.

Los ciudadanos, atónitos ante el caos reinante, piden al ejército británico que vele por ellos, que sea su Policía, su juez y su gobierno, hasta que la situación se normalice.

«Intentamos hacer lo máximo pero la situación es difícilmente controlable», aseguraban ayer miércoles diversos militares apostados en varios puntos de la localidad.

En las últimas horas, la séptima brigada blindada del ejército británico y los Royal Marines han detenido a varios ladrones que intentaban abandonar la ciudad con camiones cargados de comida. Todos los alimentos han sido redistribuidos después a la población en medio de las calles.

«Estamos recibiendo personas que fueron heridas en los saqueos, apuñaladas por sus vecinos, baleados por luchas intestinas entre miembros del partido Baas y sus detractores… Los británicos son responsables de esto», aseguraba el doctor Muayad Jumah Lefta.

El hospital en el que trabaja, el mayor de Basora, ha sido defendido de los ladrones que intentaban saquearlo por los propios médicos hasta que un grupo de soldados se instaló en el tejado en las últimas horas.

«No les afecta para nada lo que nos pase. Nos odian porque somos árabes», asegura un ciudadano señalando los tanques apostados frente a la sede del partido Baas, en el poder en Bagdad, que quedó completamente destrozada por los bombardeos.

Igual suerte corrió la casa del doctor Akram A. Hassan, convertida en una montaña de piedras bajo la que quedaron sepultados 10 miembros de su familia.

«No tenían relación con el partido Baas, no eran militares», recalcan los vecinos, que han empezado a reparar las casas aledañas, también afectadas por la explosión, en el barrio de Tuasia.

En una calle vecina, decenas de mujeres y niños recogen el agua que sale del cráter provocado por un obús que rompió varias cañerías. «En principio es para lavar la ropa y hacer té una vez hervida, pero si el agua potable no llega, nos veremos obligados a beberla», explicaba Shukria.

Según esta mujer, madre de cuatro hijos y divorciada, los iraquíes de Basora «no pueden aceptar la presencia británica» si las condiciones de seguridad no mejoran. «¿Dónde están los soldados cuando se les necesita? Esperábamos algo más de ellos pero parece que hasta estimulan a aquellos que roban. Les ven llevarse todo lo que pueden y se ríen, les hacen gestos de aprobación con la mano… Es terrible», asegura.

Ante el desorden reinante, varios imanes de mezquitas de esta ciudad, en su mayoría chiíta, han pedido por los altavoces a sus fieles que no roben «lo que pertenece a todo el pueblo iraquí» y, según los vecinos, algunos arrepentidos han restituido lo hurtado en las últimas horas.

En el puerto de Basora, de donde partía Simbad el Marino en todos los cuentos infantiles, el Aljansaa todavía humea bajo un calor infernal. El barco de la flota iraquí recibió una bomba que destrozó buena parte de su cubierta pero las llamas no amedrentaron a los ladrones ayer miércoles. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje