Los habitantes de Bagdad dan rienda suelta a su odio contra Saddam

«Dictador», «torturador» y traidor» son algunos de los términos que comenzaron a utilizar ayer miércoles los habitantes de Bagdad para referirse a Saddam Hussein tras el ingreso de las tropas norteamericanas al centro de la ciudad, dando rienda suelta a un odio que contrasta con el temor que persistía incluso hasta hace unas horas ante la simple mención del nombre del presidente iraquí.

«Estamos felices de librarnos de él (Saddam Hussein) tras años de guerra y privaciones», afirma Dinja Josina, un cristiano asirio que se acercó junto a otros cientos de iraquíes para saludar, al borde de una autopista en la entrada norte de Bagdad, a las caravanas de soldados norteamericanos que se dirigen al centro de la ciudad.

Algunos jóvenes se quitan las camisetas y las agitan ante las tropas norteamericanas mientras otros gritan en inglés «welcome, welcome» (bienvenidos).

«Es el mejor momento de mi vida después de once años de servicio militar a raíz de todas las guerras en las que nos embarcó Saddam», asegura Ayub, que prefiere no dar a conocer su apellido.

Yaser, un ex miembro de los servicios de Seguridad, afirma haber pasado siete años y medio en prisión «por haber sido falsamente acusado de robo de armas».

Yaser fue liberado gracias a la última amnistía decretada por el presidente iraquí en octubre de 2002, pero no olvida los años de su vida pasados entre rejas.

«Saddam no tenía piedad de su pueblo. Nos torturaba», asegura.

En el barrio de los ministerios en el norte de la capital, donde el ingreso de las tropas norteamericanas fue seguido por saqueos a gran escala, un joven con vestimentas desgastadas grita alegremente «Saddam ya no está, Saddam ya no está».

Para Riad, de 28 años, Saddam Hussein, que no da señales de vida desde el lunes, «es un cobarde que traicionó a su propio pueblo».

«No nos dio nada, excepto las guerras y el embargo», se queja Qassem, de 54 años. «Con los norteamericanos estaremos bien», estima.

Mohammad Wali, de unos cuarenta años, muestra a un periodista de la AFP con un brazo más corto que el otro a raíz de una herida recibida durante la guerra de ocho años contra Irán, iniciada en 1980 poco después de la llegada de Saddam Hussein al poder. *

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