Víctimas de Basora angustiadas por la suerte de Saddam

«Daría mi vida por Saddam», dice sollozando Fatma en un hospital de Basora (sur), donde se le amputó la pierna izquierda dos días después de que un mortero cayera sobre su casa y matara a cinco personas de su familia.

Esta joven de 22 años acaba de enterarse de que su presidente podría haber muerto en un bombardeo en Bagdad y no puede contener las lágrimas. «No hay otro como él. No creo que esté muerto», insiste, subrayando que los únicos culpables de su tragedia son «los británicos y estadounidenses que atacaron su casa». *

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