Un corresponsal de Al Jazira, un camarógrafo español de Telecinco y otro de la agencia Reuters, muertos

Duelo e ira en el hotel Palestina

En la carpa que alberga los equipos de transmisión de la agencia Reuters en el techo del Palestina, Ahmad Bahado llora la muerte de su amigo Taras Protsyuk, de 35 años.

Bahado limpia con pañuelos de papel blanco la sangre que salpicó la cámara que utilizaba Taras, muerto por un obús norteamericano que impactó en el hotel. Las lágrimas corren por sus mejillas y el dolor le impide hablar.

Un colega del camarógrafo, que sucumbió de heridas en el abdomen y la cabeza, golpea su casco contra la pared del ascensor que lo lleva al piso 15, donde el obús destrozó la habitación en la que trabajaban los periodistas de Reuters.

«¿Cuándo van a parar con sus estupideces los norteamericanos?», pregunta con el rostro furioso.

Un video grabado por el canal de televisión francés France 3 muestra claramente cómo el cañón de un tanque norteamericano, apostado en el margen oeste del río Tigris, gira en dirección al hotel Palestina, a 300 metros de su posición, apunta cuidadosamente y dispara.

El objetivo era sencillo. El obús impactó la fachada del edificio a las 11H59 locales (07H59 GMT) e hizo saltar por los aires el balcón desde el cual los periodistas seguían la encarnizada batalla que tenía lugar del otro lado del Tigris.

«Estoy conmocionado por la brutalidad del ataque. ¿Es necesario atacar un inmueble en el que hay periodistas incluso si hubiera un francotirador?», se pregunta Thomas Alcoverro, con 35 años de experiencia en la profesión y enviado especial del diario español La Vanguardia.

En efecto, los norteamericanos aseguraron que se sentían amenazados por disparos aislados de iraquíes que al parecer se habían refugiado en el hotel Palestina. Ningún indicio permite corroborar esas afirmaciones. Todos los periodistas consultados indicaron que no habían visto ningún disparo proveniente del hotel.

«Y si verdaderamente hubiera habido un francotirador, los norteamericanos deberían haber apuntado contra él. Esta vez está muy claro que no apuntaban contra nadie en particular porque el obús impactó en un balcón», protesta Lilli Gruber, enviada especial del canal de televisión italiano RAI UNO.

De hecho, los periodistas extranjeros creían hasta ayer martes que esta guerra respetaría unas mínimas reglas, a diferencia de los conflictos civiles, con milicias irregulares y sin línea de frente bien establecida.

En el piso 14 del Palestina, un camarógrafo español, José Cuoso, de 37 años, fue alcanzado en la pierna derecha y la mandíbula y sucumbió a sus heridas cuando era operado. Paul Pasquale, un técnico británico de Reuters responsable de la retransmisión vía satélite, resultó herido en las piernas.

Samia Nakjul, jefe de la oficina del Golfo, de origen palestino, sufrió heridas en el rostro y contusiones. Faleh Jeiber, un fotógrafo iraquí, fue alcanzado en la cabeza. Más temprano, el corresponsal Tarek Ayub, del canal de televisión satelital de Qatar Al Jazira había muerto por un bombardeo norteamericano contra la oficina de su cadena.

Ayer martes por la noche, sábanas blancas colgaban de la fachada del Palestina para recordar a los soldados norteamericanos que los periodistas son neutrales y deben ser protegidos. *

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