Tras una batalla desigual, iraquíes entierran a sus milicianos

La batalla de Basora ha sido dura y desproporcionada. Los cadáveres descuartizados de una docena de milicianos esparcidos en una zona pantanosa del campus universitario son ejemplo del fatal destino que corrieron decenas de defensores del régimen de Bagdad en su lucha «suicida» contra las tropas británicas.

Descubiertos ayer lunes por la mañana por la unidad británica que ocupó el centro educativo, los cuerpos yacen de la misma forma en que murieron, como si alguien quisiera dar una lección ejemplar a los habitantes de la ciudad que se han acercado a curiosear. *

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