De cara a la inminente elección presidencial argentina

Diferencias y acuerdos entre los candidatos peronistas

Esta afirmación irrita, por caso, a la candidata del ARI, Elisa Carrió, porque sostiene que es una manera de instalar la opción que importa al peronismo. Es comprensible que exponga esa posición, pero se da la realidad que todas las encuestas dicen lo mismo, aunque algunas no le resten a la diputada nacional, alguna opción para ir al segundo turno.

¿Qué diferencia a los peronistas, es decir a Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem, cada uno con su partido de fantasía tras la frustrada selección por medio de una interna?.

El comentarista de «Clarín», Carlos Eichelbaum, una autoridad en justicialismo afirma que «el mensaje de campaña de los tres candidatos presidenciales se diferencia más por el cruce de chicanas circunstanciales, por el intercambio de insultos y acusaciones cada vez más frecuentes, que por una confrontación concreta de visiones y propuestas».

Si de propuestas se trata, los tres proponen la masificación de la obra pública, la generación de empleo, la reactivación del mercado interno, el aumento y diversificación de las exportaciones y la reprogramación del pago de la deuda con algún tipo de quita y tiempo de gracia pautados con los acreedores.

Discurso para la tribuna y el otro

Todos temas genéricos, para la tribuna, para los mítines, que no son muy masivos ni con presencia de espontáneos. Pero como subraya Eichelbaum «en los contactos con grupos o sectores más focalizados, con intereses más específicos –sobre todo los sectores de poder económico–, allí donde los discursos tienen más influencia de los asesores y técnicos que de los propios candidatos, los mensajes de cada uno de ellos delatan estrategias mucho más diferenciadas y concepciones globales notoriamente más contradictorias».

Pero hay matices. No es menor en el modo de tratar el problema de la deuda externa, el hecho de que Rodríguez Saá reasuma el concepto de deuda de origen ilegítimo, o fraudulento, surgido del fallo del juez Jorge Ballestero del 2000, a la hora de discutir el capital que se debe, y que reivindique la potestad del Congreso en el tema. Otra cosa es que se le crea

Kirchner propone una reprogramación con quita de capital e intereses en tanto que Menem –quien durante su mandato más que duplicó la deuda y generó con un megacanje como el Plan Brady la acumulación de vencimientos que precipitaron el default– habla también de reprogramación pero sólo con quita de intereses y no de capital, «porque el argentino paga lo que debe», e incluso anuncia que traerá nuevos «recursos frescos».

Las diferencias

Hay diferencias, además, respecto de la política impositiva. Kirchner plantea una reforma tributaria progresiva, que implicaría un cambio en el perfil de la distribución de la riqueza. A la vez, Menem y Rodríguez Saá, ponen en el acento en un instrumento que en rigor no es un impuesto, el de los aportes patronales, los que proponen ir eliminando por «distorsivos», por obstaculizar las inversiones productivas y la generación de trabajo.

El ALCA es otro espacio de diferencias. Menem le otorga apoyo irrestricto y para hacerlo digerible sostiene que esa era una idea de Juan Perón, cuya palabra siempre es indiscutible, ignorando que es Washington quien esta detrás de la iniciativa.

En cambio los otros dos, rechazan las «relaciones carnales» y privilegian en Mercosur y su ampliación a Sudamérica.

En política externa y sobre la guerra, Menem debió corregir su arenga antes belicista y los otros dos condenan la agresión pero no proponen que debería hacer el gobierno para contribuir a detener la masacre.

El hecho que las coincidencias básicas de los tres discursos para el gran público indican que los tres comparten el diagnóstico según el cual las políticas de los años 90 ya no atraen votos. Incluso Menem en los últimos tiempos llegó a aceptar que durante sus gobiernos «cometimos errores».

Donde el ex se diferencia sin tapujos es en materia de seguridad, o sea, el modo de encarar, vía militar o policial, la conflictividad social. Rodríguez Saá nunca hizo de la seguridad, relacionada con el delito, un eje importante de campaña, con propuestas pormenorizadas, aunque tiene a su lado a un militante de la mano dura, Aldo Rico, candidato suyo a gobernador bonaerense. Es si se quiere una manera de sostener que haría para el tema.

Sí, en cambio, es más preciso a la hora de referirse a las organizaciones de trabajadores desocupados, los piqueteros, protagonistas de las mayores protestas sociales. Deberán desaparecer, sostiene, pero no como un efecto de una política simplemente represiva, sino porque en su diseño de combate al desempleo no habrá lugar para la organización autónoma de los sin trabajo. Kirchner es el más contundente en el rechazo a la «criminalización» de la protesta.

¿A quiénes se dirigen los candidatos peronistas? Menem atiende, por un lado, a los sectores de clase media alta beneficiados por sus políticas de gobierno pero también a las capas mas humildes. Por eso sus cambios de discurso y su retorno al uso de símbolos tradicionales del peronismo que había abandonado en los 90, a un electorado justicialista clásico cuyos niveles de exclusión crecieron bajo los gobiernos de De la Rúa y Eduardo Duhalde.

Rodríguez Saá apuesta al electorado del interior del país, sensible a la simbología nacionalista, y al peronismo más nostálgico. Y a explotar al mismo tiempo el rechazo a Menem y el malestar con Duhalde.

Kirchner pretende fortalecerse en los sectores medios urbanos que se consideran progresistas, para disputar desde allí votos en los sectores de trabajadores activos y desocupados.

Su karma: la cercanía con el gobierno de Duhalde. *

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