"Lucharemos pacientemente hasta la muerte y resistiremos hasta la victoria"
Totalmente condicionados por la propaganda del régimen, los clientes asiduos de ese centenario café del centro de Bagdad, minimizan el avance de las tropas norteamericanas, que están a las puertas de la capital, y las «mentiras» sobre el inminente asedio de la ciudad.
«No nos cabe duda de que nos espera la victoria. Los norteamericanos cuentan con la superioridad aérea pero, en el terreno, no son más que tigres de papel», dice Faysal Abdalá, funcionario retirado.
Sentado en un banco de madera, aspirando de una pipa de agua, Abdalá lee en uno de los periódicos oficiales un artículo titulado «La prensa árabe saluda la resistencia iraquí frente a las tropas norteamericanas». «Para nosotros, la victoria es cosa hecha. Creo que la guerra terminará en una semana», añade, recordando las «derrotas» de Estados Unidos en Vietnam y en Somalia. Otros clientes usan los diarios como abanicos. Los típicos ventiladores colgados del techo han quedado inservibles tras el corte de la corriente eléctrica que afecta a la mayor parte de la ciudad desde hace días y que silencia al decrépito televisor del café.
Un viejo vendedor ambulante propone sandalias «fabricadas en Siria» por 4.500 dinares (1,5 dólares) el par. Algunos clientes no dudan en descalzarse para probárselas. «Vendo dos o tres al día. Antes de la guerra vendía más y el precio era de 7.500 (2,5 dólares) el par», se lamenta.
Un retrato del presidente Saddam Hussein, sentado en el suelo con uniforme militar y fumando un puro, cuelga de una de las paredes encima de la lista de precios del café. En otra pared, se ve una fotografía en blanco y negro del poeta Al Zahawi, muerto en 1936 a los 73 años, que dio su nombre a ese café que con el tiempo se convertiría en uno de los lugares preferidos de la intelectualidad de Bagdad.
Para Azhar Saleh, de 30 años, las fuerzas norteamericanas, que se disponían a cercar Bagdad tras tomar el aeropuerto, recurren al «alboroto mediático para dar la impresión de que están ganando la guerra». «La guerra terminará de nuestro lado porque los soldados norteamericanos no son más que mercenarios pagados para sembrar la destrucción en nuestro país», añade ese joven barbudo.
Lo mismo opina Al Mahdi Mohammad, de 45 años, en la mesa contigua. «Los mercenarios han enviado un grupo de soldados al aeropuerto pero han sido degollados y sus cadáveres están siendo evacuados», asegura.
No muy lejos del café, en la calle Al Mutannabi, Mohammad Abdel Jalil es el único vendedor de libros que sigue ofreciendo sus artículos en la acera cada día desde que empezó la guerra aunque ahora los clientes se cuenten con los dedos de la mano. «La derrota de los norteamericanos en Bagdad es una certeza porque nuestro ejército es capaz de vencerles», asegura.
Saad Alí Hussein, propietario de la papelería de enfrente, está de acuerdo. «Venceremos porque estamos defendiendo nuestra patria y nuestro honor», dice. «No temo morir porque las generaciones futuras tienen que saber que luchamos por nuestro país y por nuestros principios», concluye. *
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