Confusión y parsimonia a sólo tres semanas de la presidenciales
Si por los sondeos fuera, la suma de todos los supuestos éxitos que reciben los candidatos dan escaso espacio para pensar en un ausentismo masivo. Pero, quién sabe: en un clima de tanta indiferencia, cualquier medición queda atrapada por el margen del error técnico, acaso multiplicado. ¿Cómo predecir correctamente quiénes llegarán a la segunda vuelta, cuando el desgano público es tan evidente?
El, hasta ahora, mayor mitin lo presidió el pretendiente oficialista del Frente para la Victoria, Néstor Kirchner, en el estadio de River Plate pero la concurrencia espontánea fue virtualmente inexistente. Las, en el mejor de los casos, 40 mil almas allí congregadas sólo destacaron el poder de movilización del aparato peronista de la provincia de Buenos Aires que lidera Eduardo Duhalde con un esfuerzo mayúsculo a un costo de dinero no revelado y sin posibilidad de que se rindan cuentas ante las ONGs que se dedican a la transparencia de las actividades políticas.
Carlos Menem, que culminará en el mismo sitio el acto de clausura, tampoco atrae a multitudes y menos aún a independientes y el mismo juicio es extensivo para el tercer peronista que busca el trofeo mayor, Adolfo Rodríguez Saá. Los tres monopolizan para los encuestadores las posibilidades de estar en la segunda vuelta, pero también las fuertes inversiones para reducir la indiferencia y sus propias perspectivas.
De la paridad de chances de los tres acaso expliquen la mayor virulencia entre ellos y la división en el propio gabinete nacional entre kirchneristas, menemistas y neutrales, dato no menor porque reflejaría más que disensos tácticos, que existen, sospechas sobre el triunfo del sureño.
La guerra que no sólo opaca en los medios de comunicación las faenas electorales, ha obligado a todos los pretendientes a repudiarla. El caso más notorio es Menem quien pasó de escribir de su puño y letra la necesidad de alinearse estratégicamente con Washington antes que las bombas sobre Irak mostraran el horror, a decir que está contra la intervención.
Sus más lúcidos asesores le advirtieron de lo nocivo para sus ambiciones quedar enredado con la agresión y hay quienes piensan que el acomodamiento del discurso puede ser tardío y que las bombas sobre Bagdad derrumbarían el proyecto retornista.
Se verá, porque todo lo que se mide en la intención de voto es precario. La encuesta más optimista para Menem, le asigna sólo dos puntos por encima de los que recibiría Kirchner y Rodríguez Saá, pegado a éste, y los tres por debajo de los 22 puntos.
De cumplirse este pronóstico aunque fuera primero el 27, el líder riojano no ganaría el balotaje, no sólo por lo exiguo de la diferencia sino porque los que lo dan punteando por un hocico confirman que Menem sigue siendo el candidato con peor imagen o son demasiados los ciudadanos consultados que jamás lo votarían.
Más allá del tono triunfal con que el ex presidente suele pintar sus discursos, en su cuartel impulsan rectificaciones del mensaje, no sólo sobre la guerra, sino para temas económicos alejándose del fundamentalismo de sus acólitos; algunos de ellos por su ortodoxia son disuadidos a que no hablen a los medios y desde el búnker central se promete no insistir en errores del pasado.
A Kirchner le falta salir del corsé del antimenemismo dentro del peronismo y que se conozcan, más allá de promesas de producción y empleo, que haría en el cargo estatal más deseado, tema que recurrentemente le hacen saber desde las filas del duhaldismo. Mal o bien –dicen por esos sitios– de Menem la gente sabe o supone saber que haría como gobernante, «con Néstor (Kirchner) no, excepto que es peronista y que detesta a Menem», confía un allegado a la campaña del sureño.
El gobernador se defiende con sus diez años de administrar la provincia de Santa Cruz, efectivamente con una baja tasa de desocupación pero con un estilo de conducción caudillesco e intolerante con la oposición, cantinela que agrandada o no, le dificulta romper el hielo con capas medias urbanas, por caso la porteña o la de Rosario, donde predominaría Carrió.
El presidente Eduardo Duhalde sabe que no hay retorno y no sólo puso todo el poder del aparato político peronista bonaerense para el mitin comentado, sino que antes de viajar a Italia para visitar al Papa arengó a sus coroneles territoriales a que no pierdan un minuto en llevar el mensaje que «al pasado no se retorna», es decir a Menem, a todos los rincones del Gran Buenos Aires, donde se puede decidir todo. Otro signo de inseguridad.
Es que en los populosos y muy pobres segundo y tercer cordón, pelean cabeza a cabeza Menem pero con Rodríguez Saá, lo que deja abierto el interrogante en este confuso proceso quien será el otro beneficiario de ir al segundo turno. Los encuestadores no salen de su asombro porque una semana uno es más fuerte que el otro, y todo lo contrario en otra medición ulterior.
El puntano no tiene límites y promete el oro y el moro. Pero es un discurso que atrae no sólo al peronista inconmovible, sino a desesperados que escuchan con agrado su discurso nacionalista, que promete regresar a la Edad de Oro de este país donde no faltaba trabajo. Como a Menem, no le va bien en las dos ciudades más populosas y entonces surge el interrogante de donde sumará el volumen necesario para la Gran Liga.
El sayo le cae sobre todo a Kirchner porque si no gana con una luz interesante en los pagos de Duhalde y le saca diferencias a los otros dos en otros distritos populosos, su futuro es oscuro: le va mal en las provincias del Noroeste algo mejor, en las del Noreste y bien en la Patagonia, necesita mejorar en Santa Fe, Córdoba (aquí iría en punta Rodríguez Saá), y en otros lugares más o menos densos, porque si no, no llega.
Carrió está en una meseta que le es difícil remontar a pesar del buen desempeño en los dos distritos más populosos. Una encuesta del Partido Socialista, que abandonó a la líder del ARI y promueve sin suerte su propio binomio, reconoce a Carrió su primacía en Rosario (donde el socialismo gobierna la comuna) y que juntos, sacarían un caudal inalcanzable.
Hay gestiones para que Alfredo Bravo, el candidato presidencial del socialismo, se baje de la postulación: su hijo, el legislador porteño Daniel Bravo –ayer radical hoy en el ARI–, se lo ruega y la misma Carrió, orgullosa como pocas, le pidió un encuentro que el anciano dirigente rechaza con su silencio. «Los encuestadores nos incluyen en el rubro otros» confiesa un legislador del PS, partidario del gesto que ayude, no se sabe si con éxito, a que el centro izquierda no quede fuera del balotaje.
Una iniciativa de la izquierda parlamentaria, encabezada por Carrió, reclamando el juicio político al canciller Carlos Ruckauf por su actitud concreta frente a la guerra, que consideran favorable a George Bush, abrió expectativas de un reagrupamiento de último momento. No es así, aunque es excepcional que expresiones del progresismo y la izquierda se junten públicamente para una iniciativa concreta.
Que esto sea una novedad (o cosa no habitual) habla a las claras de las razones del infortunio de ese espacio, que de pasar a hegemonizar las protestas de los últimos tramos de Fernando de la Rúa, fue recorriendo el camino de la centrifugación. Las Asambleas de Barrio, que nacieron como espacio de participación ciudadana de nuevo tipo, fue confundida como soviets criollos por la izquierda histórica, llenándola de consignismo que espantó a los ciudadanos. Y al propio movimiento piquetero, cada partido del arco del marxismo clásico organizó el suyo.
Confundir la bronca de los ahorristas confiscados por Domingo Cavallo mediante el corralito como días de prerrevolución ha sido
una de las razones claves de la disgregación de la izquierda y a partir de ese supuesto, su encono con cualquier expresión de centro-izquierda.
Tal vez por eso la guerra de agresión a Irak que es repudiada por más del 90% de los argentinos, no se convirtió en un torrente humano cuando fue convocado a las calles.
Pero ese generalizado repudio obligó a todos los candidatos a hablar contra la unilateralidad, en defensa de la ONU, y al gobierno decir lo que la mayoría quiere escuchar aunque su diplomacia aplicó ardides para bloquear, como por caso hizo en Ginebra, iniciativas de condena a los bombardeos norteamericanos sobre poblaciones indefensas.
De hecho el caso debilitó los lazos con Brasil y ahora Duhalde busca compensar el deterioro con una actitud única para cuando el 14, también en Ginebra, se trate el nuevo intento norteamericano por condenar a Cuba.
Según los cercanos a Kirchner, él no pidió que el gobierno cambiara la postura respecto de La Habana, aunque la comparta, porque no cree que Cuba sea tema de campaña. De todas maneras, una actitud gubernamental diferenciada de la de Menem podría mejorar la imagen del candidato oficialista ante sectores progresistas que siempre han condenado la política norteamericana sobre la isla.
Es que para que Kirchner crezca, sus votos deben provenir de los que ahora parecen preferir a Carrió. Queda claro que hay espacios definidos entre la centro derecha que monopolizan Menem y López Murphy, y la centro izquierda que va desde Carrió a Kirchner. ¿Dónde queda en esta disgregación ideológico-política, Rodríguez Saá? Sus votantes podrían oscilar más a favor de Kirchner que de Menem.
De todas maneras una buena elección de López Murphy, quien puede ser la impensada novedad especialmente en la Reina del Plata, golpeará sobre todo a Menem así como una levantada de Kirchner perjudicará a la líder del ARI.
Matemáticas donde debería primar la política, pero estas diferencias mínimas puede alentar el temido fraude que las seguridades oficiales no disipan.
El salvataje entre el menemismo y el duhaldismo del senador patotero, Luis Barrionuevo, para que no sea expulsado del Senado, tal vez se comprenda si el 27 se manotean urnas. *
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