La unidad blindada Ratas del Desierto

Británicos celebran victorias en la interminable batalla de Basora

Descubiertos por el olor que desprenden, los restos de los combatientes aparecen apoyados contra el muro del colegio, rodeados de municiones. Ambos están vestidos con ropas civiles y uno de ellos carga todavía en sus brazos el lanzagranadas (RPG) con el que atacó las posiciones británicas.

«Esta zona era una verdadera pesadilla para nosotros, un foco de problemas desde hace dos semanas», reconoce el sargento Paul Welsh, de la unidad blindada Ratas del desierto.

La operación en el centro educativo comenzó hacia las tres de la madrugada. En su avance hacia el lugar, situado a la entrada de la ciudad, las tropas no encontraron resistencia ni fueron objeto de disparos.

«Fue relativamente fácil», reconoce el sargento, apuntando que los milicianos iraquíes se vieron obligados en las últimas horas a retroceder ligeramente hacia el centro de esta localidad, la segunda más importante del país después de Bagdad, donde viven 2 millones de personas, (1 millón intramuros). Blanco de ataques durante varios días, la escuela técnica está completamente destrozada: los agujeros de mortero y de obuses se multiplican en las paredes, hay automóviles y tanques iraquíes completamente carbonizados y la mayor parte de los techos de las aulas se han hundido.

En el medio del colegio, como un presagio macabro, los británicos han encontrado intacto el gran retrato sonriente de Saddam Hussein que se ha librado milagrosamente de los repetidos ataques.

A pocos metros de la entrada de la escuela técnica, los soldados se esfuerzan en apagar un enorme fuego, origen de la gran humareda negruzca que cubre la ciudad y le da un aire trágico de destrucción. En su intento de impedir la visibilidad de las tropas extranjeras, los milicianos iraquíes cavaron fosas en la tierra, las llenaron de petróleo y las incendiaron.

Pese a que la «conquista» de este lugar era motivo de celebraciones este jueves entre las tropas británicas, la realidad es que en más de una semana de combates directos con los milicianos iraquíes atrincherados en el interior de la ciudad, los soldados extranjeros avanzaron sólo un kilómetro desde el sur en dirección al corazón de Basora.

Por la noche, las tropas británicas adelantan sus posiciones en dirección al centro, aprovechando sus sistemas de visibilidad nocturna para determinar de dónde vienen los disparos de mortero o las granadas iraquíes que sufren durante el día y neutralizar las posiciones de los milicianos.

Su próximo paso en esta lenta batalla o la táctica que emplearán son un misterio incluso para los propios militares, que ya no se atreven a decir si la caída de Basora es cuestión de horas, días o semanas.

«Realmente no lo sé. Tal vez antes de la caída de Basora, hay mucho trabajo que hacer primero en Bagdad», apuntaban.

Muchos miembros de esta unidad de las Ratas del desierto destinada a este punto del sur de Irak lucharon en la guerra del Golfo de 1991, algunos de ellos en esta misma región.

«Fue más fácil entonces. Mucha gente confiaba en que esta vez sería parecido pero las cosas no están saliendo como preveíamos», admitió Welsh.

Muchos militares británicos comparan esta guerra en Irak con la situación vivida en Irlanda del Norte o la batalla en Kosovo y confiesan su inexperiencia a la hora de luchar contra una resistencia compuesta por milicianos. «No nos estamos enfrentando a fuerzas militares. Está siendo muy duro para nosotros acabar con el sistema de defensa iraquí. Además, siempre es más fácil defender un territorio que conquistarlo», concluyeron. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje