Ciudad reconquista poco a poco la normalidad tras dos semanas de guerra

Un helicóptero de combate estadounidense sobrevuela a poca altura Um Qasr, pero prácticamente ningún ciudadano levanta la vista hacia el cielo: catorce días después del inicio de la ofensiva militar la prioridad de estos iraquíes ya no es la guerra sino la recuperación de sus vidas cotidianas.

Poco a poco, los 40.000 habitantes de esta localidad extremamente pobre están saliendo del silencioso letargo en que la sumieron los bombardeos, los tanques y la presencia de miles de soldados extranjeros.

No sin dificultad, intentan eclipsar de sus vidas el miedo crónico a un régimen que sigue gobernando buena parte del país y la desconfianza hacia las tropas mal conocidas que les prometen cuidar de ellos.

Y con el paso de los días, las pruebas de paz y tranquilidad comienzan a ser palpables en Um Qasr: la electricidad, cortada el día en que comenzó la ofensiva, fue reinstalada en buena parte de la ciudad desde el lunes por la noche gracias a generadores, la gasolina puede comprarse normalmente en la estación de servicio local y hay pequeños comercios que ofrecen huevos, tomates, cebollas, pepinos, cigarrillos o pan.

En el centro de la localidad, los ciudadanos contemplaban desolados este miércoles el caos que reina en una de las mayores escuelas de Um Qasr, invadida por soldados iraquíes en los primeros días de ofensiva y saqueada después por los propios vecinos.

En el suelo se amontonan llenos de polvo los cuadernos desgarrados de los alumnos y varias ropas militares que los soldados abandonaron en su precipitada huida. Hace semanas que los maestros no se mueven de sus casas y los niños no acuden a clase.

«Pero nuestro mayor problema sigue siendo la falta de agua. Y con este calor, no está siendo fácil», insiste Tamal, uno de los vecinos de Um Qasr que vive con su mujer y sus siete hijos en una precaria casa no lejos de esta escuela.

Los pocos camiones cisterna que consiguen atravesar la frontera kuwaití o los tanques de agua distribuidos por el ejército británico en la región no son suficientes para abastecer las necesidades de la población de esta zona árida, donde las temperaturas rozan ya los 35º Celsius a mediodía.

«Cruzar esta frontera nos supone un esfuerzo enorme para un resultado en el fondo muy pequeño», admitió a la AFP Marc Vergara, portavoz de la Unicef, que envió de nuevo este miércoles cinco camiones cisterna con agua al sur de Irak.

La falta de ayuda internacional, paralizada en buena parte por la falta de seguridad en la región, aumenta la desesperación entre la población de Um Qasr, cuyo número aumenta cada día debido a la llegada de cientos de personas de Al Zubair o Basora, que huyen de los combates y la falta de agua.

A pesar de que apenas se han registrado enfrentamientos en la ciudad en los últimos días, los ciudadanos de Um Qasr no creen todavía que Saddam Hussein morirá en Bagdad o se verá obligado a abandonar la presidencia y, acostumbrados a vivir en el miedo, prefieren no hablar de política «por ahora». *

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